www. ¿Yo?… Esperandote/Facebook.com

por Ariel Romero.

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Why do I need to provide my birthday?

No podía tener idea en el momento que estrenaba mi página, que FaceBook iba a dar un vuelco completo en todo lo que creía de mí, de la vida y del mundo.

………………………………………………………………

Tuve conciencia de ella por primera vez, en un muro donde siempre se discutía de política cubana. Hablar entre cubanos en FaceBook significa comentarios con un gran derroche de letras mayúsculas, que en el lenguaje de las redes sociales es gritarse los unos a los otros, y una gran escasés de signos ortográficos. Yo había sido un asiduo comentarista en ese muro, pero otros intereses en la red me habían alejado de él, y ese día decidí visitarlo después de un tiempo ausente.

Leyendo los comentarios y sin opinar nada, me sentía como un dios griego, no por el físico, sino por mi semejanza con un olímpico, acostado boca abajo en una nube, contemplando los quehaceres de los pobres mortales abajo, en la tierra, y que sin previo aviso, podía irrumpir en sus cotidianidades.

Entonces la distinguí. Sobresalía por su forma de escribir, sólo poniendo mayúsculas cuando las reglas ortográficas lo ameritaban. Su ortografía era impecable, y no usaba ofensas personales en sus respuestas, unicamente se refería al tema en cuestión. Sorteaba los comentarios de mal gusto dirigidos a ella con gran habilidad. Su lógica, humor, y razonamientos en sus respuestas, daban muy poco margen a poder asirse a algo, para argumentar sus planteamientos. Hice clic sobre su nombre y caí en su página. ¡Mira quien era! La mulatica. Días atrás me había pedido amistad, y yo, como hago con todos, se la di, aunque antes había visitado su muro, para tener una idea de quién era. Su foto de perfil era pequeña, al igual que tres fotos más que tenía en sus álbumes, siempre con amigas, y en todas se destacaba la mulata. Aunque era muy difícil distinguir los rasgos de las personas en su foto, si era posible tener idea de la expresión de los rostros. Me recordé, que la primera vez que había visto su foto, me atrajo la expresión de una pelirroja al lado de la mulatica, y esta vez me detuve a contemplarla de nuevo. Me sentí atraído por la pelirroja. Tenía una sonrisa pícara y cómplice, que decía más de lo que aparentaba. Envidié al fotógrafo y todavía lo envidio, recibidor de esa sonrisa.

A partir de ese día, encontré a Maia más a menudo. Nunca supe si era que siempre estuvo allí y yo no le prestaba atención como ahora, o era que a partir de ese momento habíamos empezado a coincidir más. Visité su muro varias veces como dios griego, y su muro era agradable y de buen gusto, variado. En esos momentos yo andaba en una relación sofocante con un contacto de FaceBook que ocupaba casi todo mi pensamiento, pero era una relación como siempre la había imaginado en una red social, nada comparable a lo que se avecinaba.

No fue una noche de San Juan en que me dedicaba a buscar videos de música tradicional cubana en Youtube y ponerlos en mi muro de Facebook. Me entretenía oyendo la música y contestando los comentarios de mis contactos en los videos musicales. De pronto, Maia empezó a comentar. ¡Vaya pasión la de esta mujer por la música cubana!. Después sabría que todo lo cubano la apasionaba. Sus comentarios sobresalían del resto de las personas como siempre, en este caso por su pasión y conocimientos sobre las canciones y los artistas. Me dí cuenta que trataba de llamar mi atención. Comentaba, y si yo no le respondía, volvía a comentar, a veces con preguntas, a veces con peticiones, obligandome a tener que responder.

Acababa de poner a Bola de Nieve cantando “Mamá Inés”, y mientras tanto estaba buscando un video de Rita Montaner cantando “El Manisero”. El único video que aparecía una y otra vez tenía una banda sonora malísima y no quería hacerle el enlace a mi muro así. De pronto recibo la petición de ella de que le gustaría oir “El Manisero” por el Bola. Era la segunda vez que una coincidencia con Maia me asombraba. La primera fue cuando visité su muro y vi que nuestras fechas de nacimiento coincidían, y ahora queríamos oír la misma canción, aunque por cantantes diferentes. Un video “saludable” de Rita no aparecía, y tenía al Bola delante de mi sentado al piano, cantando “El Manisero”, y con una sonrisa como diciendo: Ponme a mi, ponme a mi. ¡Ni modo!

¡Para allá va el Bola!, me dije a mi mismo. Lo había acabado de poner cuando recibo el comentario de Maia:

_ Rita Montaner también tiene una versión bella del Manisero.

¡Esto era lo único que me faltaba! Contesté bruscamente:

_ Era la que quería poner y estaba buscando, pero como te encaprichaste en el Bola, pues lo

puse.

_ Disculpa _ me dijo _ Gracias por tanta música bonita y cubana.

Esa noche, acostado, pensaba en la mulatica Maia. No podía separarla de mi pensamiento. Me preguntaba si el interés y sus ganas de llamarme la atención eran por mi o estaba tratando de darle celos a álguien, no era la primera vez que me pasaba. Pensaba lo agradable que sería que en vez de la mulatica, Maia fuera la pelirroja. Me di cuenta que nadie me había asegurado quien era, yo lo había decidido por su forma de expresarse y la personalidad de su escritura, que concordaba más con la mulata de la foto, que con la sonrisa de la pelirroja. Decidí preguntarle al otro día y me dormí.

Cuando amaneció, desperté como mismo me había dormido, con Maia en la cabeza. No sospechaba que así iba a ser por largo tiempo, un tiempo tan largo que aun no ha terminado.

Me detuve a leer sus comentarios de la noche anterior y fui a su foto perfil. Cada vez me convencía más que era la mulata. Me iba a ir sin preguntar, y no sé cómo, de pronto, como por arte de magia, la palabra “quizás” inundó mi cerebro. Respeto mucho esa palabra, la considero el inicio de toda la sabiduría humana, esa palabra significa más que una duda, es llamar a la duda en nuestro auxilio, es dudar con esperanza, y entonces pregunté:

_ ¿Cuál, de las tres muchachas, eres tú?

No esperaba una respuesta inmediata e iba a salir de su foto cuando llegó la respuesta en forma de pregunta:

_ ¿Cuál tú crees que sea yo?

Me sorprendió. Esperaba una respuesta directa y ella me arrastraba a un juego de adivinanzas.

_ No sabría decirte, las tres son bellas. Pudieras ser cualquiera. ¿Quién eres?

_ Escoge la que quieras y esa seré yo.

_ ja ja ja.. No se vale. Tu’ eres una de ellas en específico, no tendrías que ser necesariamente la

que yo escoja.

_ ¿Pero no quisieras que fuera alguna … en particular?

Entonces me dí cuenta que no quería decirme quién era.

_ Oh, disculpa, es que no quieres decir quíen eres. No quise ser indiscreto, era so@lo simple

curiosidad.

En eso recibí un correo privado, lo que me alegró, porque así de alguna forma justificaba el irme de esta conversación, que ya sentía como callejón sin salida. Abrí el correo y era de Maia:

_ Disculpa que no te diga en público quien soy. Le tengo mucho miedo a estas redes sociales y trato que se conozca lo menos posible de mi.

En público no me lo va a decir. ¿Me lo diría en privado?. No quise preguntarle inmediatamente. No sabía si ella había decidido descubrirme o no su identidad, o tenía dudas en hacerlo o no. Cualquiera que fuera la respuesta a estas preguntas que yo me hacía, pensé que lo mejor era conversar y conocernos un poco, a lo mejor asi podía lograr la suficiente confianza en ella para que me revelara quien era Maia.

_ Haces bien. _ Contesté _ Es real, que han ocurrido barbaridades, usando la información que compartimos en estas páginas sociales.

_ Por eso trato de publicar el mínimo de mi información y esa es la causa de que en mis fotos siempre aparezca con amigas. Muy pocos saben a ciencia cierta quién yo soy.

_ Si hubiera sabido como pensabas respecto a esto, no te hubiera preguntado en público. Mi pregunta puede atraer a otros curiosos.

_ Ni te imaginas la cantidad de contactos que quieren saber quién soy. Eso es diario. Yo lo resuelvo diciendole a unos que soy una y a otros que soy otra. Me río mucho pensando lo que sucedería, si se tropiezan con una de mis amigas personalmente y la saluden como si fuera yo.

_ Jajajaja. ¡Está bueno eso! Me gustaría presenciarlo.

_ ¡A mi también!. Jajajaja. _ Y continuó _ Hay que reconocer también, que unicamente no hay historias tétricas y funestas en Facebook. Han habido tambien muchas historias de encuentros, reencuentros y amores, con finales felices.

_ De eso mismo te iba a hablar ahora, y cada vez que conozco a alguién por aquí, me gusta pensar que con esa persona, protagonizaremos una de esas historias agradables.

Su mensaje de respuesta no llegaba, y sin esperarlo por mucho tiempo, le volví a escribir para romper el silencio que se había formado entre nosotros.

_ ¿Has visto mis fotos?

_ Ahora mismo te iba a preguntar sobre una de ellas. La muchacha de pelo negro, acostada en el sofá, ¿es tu hija?

_ Si’, una de ellas. Tengo dos.

_ Es preciosa. No te sientas aludido, pero se parece mucho a ti. Jajaja. En serio es hermosa.

¿Eran ideas mías o me estaban piropeando? Creí que había llegado el momento y le pregunté a rajatabla:

_ Tú eres la negrita. ¿Verdad?

La respuesta se demoró dos minutos en llegar. Dos minutos que me parecieron dos horas.

_ No, la que está al lado.

¡Diablos! La mulata estaba en el medio, con la pelirroja y una trigueña a cada lado. Aunque ya había algo que me decía que si, que ella era la pelirroja, quise descartar todas las posibilidades antes.

_ ¿La de pelo negro?

_ No, la otra.

_ ¿La pelirroja? _ Pregunté, para que me afirmara lo que yo ya sabía, porque no existía otra opción.

_ Sí, esa misma.

Sentí como si hubiera sido testigo de un milagro. La sensación que tuve fue como si la realidad hubiera sido obligada por mi deseo para satisfacerme y no que mi deseo había coincidido con una realidad ya existente. Nunca he creido ni en las predestinaciones, ni el destino y mucho menos en Nostradamus, pero el sentimiento que me embargó en ese momento y que fue imposible doblegar, ni siquiera con un razonamiento frio e imparcial, que toda nuestro pasado no tenía otro sentido que prepararnos para nuestro encuentro.

Decidí seducirla. No quería que tuviera opciones o poder de decisión sobre el comienzo de nuestra relación. La quería para mi y no estaba dispuesto a perderla.

La seducción en internet no es difícil. Si una mujer demuestra cierto interés hacia uno, se requiere algo de conocimiento del alma femenina y un manejo regular del verbo para lograrlo. Siempre que hablo de esto recuerdo a un amigo, que decía que la mujer tenía dos clítoris y que el segundo estaba en el oído. Aunque en FaceBook no se oye, sino que se lee, el resultado es el mismo y mucho más efectivo, porque ella se va a imaginar, en el tono de voz que más le gusta, lo que uno le escriba. La imaginación en estas relaciones amorosas es muy poderosa, y siempre va a estar de parte del seductor. Es tan grande el poder de la imaginación en estos casos, que Maia llegó a decirme más de una vez, antes que pasara lo que pasó, que sabía como yo olía.

¡Cuidado!. La mayoría de las veces el original es diferente al imaginado, y casi siempre en detrimento del primero. Es como la versión cinematográfica de un libro que uno haya leído, donde el protagonista de la película nunca va a llenar todas las expectativas, de la imagen que nos hicimos del héroe de la novela.

Estábamos intercambiando mensajes privados y fui a su muro. No tenía duda de lo que tenía que hacer. Revisaría su muro de arriba abajo, tantos meses hacia atrás como lo permitiera FaceBook, además tenía que hacerlo de forma que ella lo supiera. Empecé a hacer clic en la opción “me gusta” en cuanto enlace, escrito o fotografía me encontraba en su muro. A veces saltaba alguno, para que sintiera que mi acción no era rutinaria y que realmente escogía lo que me gustaba. Escribía comentarios en otros, para demostrarle que estaba interesado. Supe que componía poesía:

Dale vida

a tus sueños, y con ellos volando,

tocarás las estrellas, y el viento susurrando,

te contará secretos, que para ti ha guardado,

y sentirás el cuerpo con caricias bañado,

del alma que despierta, para estar a tu lado.

Me la imaginaba atenta a las notificaciones que le llegaban, que le permitían saber por donde yo andaba e ir a leer mis comentarios, y viendo, sin poder impedirlo, como yo lo revisaba todo, todo. Recibí un mensaje privado de ella:

_ Me siento como si estuviera desnuda ante ti.

Lo había hecho para eso, sabía que se iba a sentir así. Lo que me asombró fue que me lo dijera. Empezaba la complicidad entre nosotros.

La complicidad es la sal, la chispa, los fuegos artificiales, el alma, la piedra angular de toda relación pasional. No puede existir conquista y seducción sin complicidad, y cuando muere la complicidad, muere la pasión. Desde esas miradas que se cruzan y se mantienen, denotando deseos y retos entre dos, hasta el sexo con su entrega y dominio de los cuerpos y las mentes, con palabras de los labios al oído que pueden ser de amor, pasión u obscenidades que provocan lujuria incomparable; es complicidad. La complicidad es un juego, que consiste en lograr un espacio en que solamente tienen cabida dos personas, no tiene que ser exclusivamente un espacio físico escondido de las miradas de otros, es más excitante todavía cuando se logra este espacio delante de las miradas de otros.

Con mi Pelirroja, con mi Cosita, la complicidad no tuvo que hacer antesala. Llegó y se impuso en nuestra relación como algo tan natural, como que después de la flor viene el fruto. La usamos hasta la saciedad, y nos creaba dentro del cuerpo esa sensación de calor, que da la malicia de estar hablando delante de otros, cosas, y que unicamente nosotros éramos dueño de su verdadero sentido. Nos enamoramos con canciones, frases, mensajes, nos apoyamos el uno al otro en las controversiales discusiones sobre política en FaceBook, en donde no era raro, que de pronto, nuestros comentarios tomaran un giro en que los lectores y polemistas no tuvieran idea de lo que nos estábamos diciendo.

Cuando pensé que nuestra relación había llegado a un punto adecuado, le pedí vernos. Vivíamos en la misma ciudad. Se negó y por mucho que presioné, imploré, pedí, exigí, nunca cedió, y el que cedí fui yo. Que fuera como ella quisiera, pero ya yo no podía vivir sin sus mensajes, sus canciones y sus poemas inspirados en nuestra relación.

POR SI ACASO

Antes que el mundo acabe

si no te vuelvo a ver,

ya he decidido cuanto

es que te voy a querer.

Antes que el mundo acabe

si no escucho tu risa

he decidido como

me ataré a tu sonrisa.

Antes que el mundo acabe

si no me he vuelto roca

he decidido el viaje

que haré hasta tu boca,

sin verte, sin tocarte

sin risas, ,sin besarte…

mas que nada,

poder tenerte así..

voy a poder quererte

a perder la razón,

amarte, acariciarte en mi imaginación

con la inmensa ternura

que en tu corazón cabe

para poder amarte

antes que el mundo acabe.

Me enamoré como un loco de una fantasmita pelirroja de la red. Se negaba a cualquier otro tipo de contacto que no fuera a través de FaceBook. Le puse trampas, la chantajeé, pero nada dió resultado. Como una roca se mantenía firme en su decisión de estrictamente relacionarnos por esta página social, y yo no tenía voluntad para cruzar la línea en que pudiera perderla para siempre. Se excusaba en el hecho de que yo estaba casado, aunque miles de veces le demostré que no tenía una relación marital con mi esposa. Llegó el momento en que tuve que conformarme con su decisión.No podía hacer otra cosa que aceptar el tenerla, aunque exclusivamente fuera por medio de FaceBook. Pensaba que con el tiempo, en algún momento ella cedería y se rendiría a mi presión. No podía, ni quería imaginarlo de otra forma.

La carencia del contacto de su piel en mis labios, de mirarnos a los ojos, de caricias ancestrales, en vez de enfriar nuestra pasión, la aumentó, e introdujo un nivel de desesperación y sofoco que nunca antes había sentido.

Sexo era en esos momentos lo que nublaba mi cerebro y embotaba mis sentidos. Quería tener sexo con Maia a como fuera, y de no poder lograrlo físicamente, tenía que lograrlo entre la pantalla de mi laptop y la de ella. Me acordaba, que al principio había tratado de relatarle como quería hacer el amor con ella. Su respuesta fue dura e intransigente: Que ni por asomo se me ocurriera volver a escribirle así, ¿Qué pensaba yo que era ella?, ¿Una de esas puticas a la que yo estaba acostumbrado en FaceBook?. Sin imaginarse que nada de ello me había pasado antes y de seguro no me pasaría nunca más. Supe enseguida que una reacción tan fuerte a mi mensaje, más que una declaración de principios, eran pataletas de ahogado. No era a mí a quien ella había escrito ese mensaje, era para tratar de reafirmarse asi misma, algo de lo que no estaba segura que pudiera resistir. Retrocedí y me puse a esperar. Tenía tanto tiempo como vida para ablandar su resistencia. No dudaba que lo que durara mi vida a partir de ahora, la iba a vivir a su lado.

Volví a la carga después de su negativa de vernos, sabía que estaba en una situación en que le iba a ser difícil negarme algo de nuevo. Esta vez, para introducir el tema le pregunté lo que pensaba ella, de como debía ser la vida sexual de una pareja de enamorados:

_ Me guío por algunos consejos que mi madre un día me dió, y me decía: “Cuando ames a un hombre y estén solos entre cuatro paredes, dale rienda suelta a tu imaginación y compórtate como la mejor puta del mundo. No sientas pudor cuando esto suceda. Entre dos personas que se aman no hay vergüenza, porque si actuas así, lo llenarás de tanto amor, que siempre va a estar feliz y cansado, y lo que es mejor, deseoso de que otra vez vuelva a suceder algo tan perfecto contigo, y nunca se interesará ni por la mujer más bella del mundo”. Creo que tenía mucha razón.

_ ¿Así serías conmigo?

_ Si….

_ Entonces te gustaría estar en un lugar solitos tu’ y yo….

Así empezó y tuvimos nuestra primera sesión de sexo por internet, con masturbación incluida por ambas partes.

A medida que nos adentrábamos en nuestro mundo de amor y pasión, así también se fueron transformando los apodos que nos decíamos mutuamente, y estos daban un grado del nivel de intimidad en que nos encontrábamos. Si Abel a secas fue como primero me nombró, después me llamó Abi, niño grandote, su cosi, su papi, terminando en su macho, su machote y su rey. Yo, por mi parte, empecé por decirle Maia, pelirroja,mi ratonsita, y guajirita, llegando a mi cosita rica, mi chiqui, mi reina, pasando por mi puta y mi perra, aunque estos dos últimos sobrenombres solos los usaba cuando nuestro grado de excitación e intimidad, intercambiando mensajes, era tan grande, que más que ofensas se sentían como elogios a su sexualidad de hembra.

En el sexo le gustaba que la avasallara, que sacara ventaja de su debilidad, que me aprovechara, para después tomar su revancha y hacerme lo mismo. Mi Ratonsita era experta en poner combustible en mi vanidad de macho. Si al principio, ante mis mensajes describiendo actos sexuales entre nosotros, solo contestaba con expresiones del tipo:

_ Si, papi, si, así mismo quiero yo.. ¡Qué rico es mi machote!

_ Yo te lo voy a hacer así, mi Rey. Todo, todo lo que quieras te lo hago.

_ Yo soy tuya, mi macho, toda tuya para que hagas conmigo lo que quieras.

Con el tiempo fue dando libertad a su imaginación en lo comentarios, y llegó un momento que ella me describía escenas de lo que quería hacer conmigo.

_ Imagino que te beso, que te acaricio, y voy sintiendo como empiezas a excitarte cada vez más. Aprieto mi cuerpo al tuyo, como si se pudieran convertir en uno. Siento tu sexo gritando por una caricia mía, y lo complazco haciendo todo lo que tú me pides, y lo que yo se’ que le va a gustar. Siento como te vuelves loco por mis caricias, nos miramos a los ojos, y veo como tu mirada se nubla por el placer y el deseo. No me apuro, quiero demorar lo más posible ese momento, que los franceses llaman la pequeña muerte. Exploro otras partes de tu cuerpo, busco donde obtienes más placer. Esos lugares los descubro por los grados de excitación, y cada vez que encuentro uno, me detengo e insisto en ellos, o te torturo retirando mis caricias de allí, y amagando en concederlas de nuevo, pero en el último momento, cuando ya piensas que lo voy a hacer, me retiro de nuevo, hasta que veo que te llevo a lo extremo de lo humano y solo respondes a instintos animales. Te veo convertirte en una bestia, en que todos los nervios de tu cuerpo y lo poco que te queda de conciencia está dirigido a lograr que yo te complazca. Ya te tengo dominado. Resisto tus ataques frontales para obligarme a hacer lo que deseas, después pasas a pedirlo, y por último imploras, ruegas y es entonces que, triunfante, te complazco, y disfruto cómo te rindes, y siento tus espasmos inconscientes de placer ilimitado. … ¡Dios, estoy temblando!

No todo fue color de rosas. Llegaron los celos, como manada de lobos que se nutren de amores inseguros y de la inseguridad de los amantes, y no hay nada más inseguro como un amor a través de una red social. Primero se sienten en la lejanía, se anuncian, y después te das cuenta que están sobre tu rastro. Sabes que no podrás escapar de ellos, porque están dentro de ti y cada uno de tus pensamientos lo que hacen es aumentarle el hambre a sus mandíbulas, para que muerdan más fuerte. Cuando muerden, muerden sin compasión, porque están completamente consciente de cúal es su misión, su fin. Su misión es acabar con el amor, y si pueden convertirlo en odio, mejor.

Siempre he pensado que el éxito de FaceBook, además de su fácil uso, ha sido el paralelo estereotipado, que han logrado de las relaciones interpersonales de la vida real. Al igual que en la realidad, en FaceBook tú tienes una vida pública y una privada, pero en FaceBook tú tienes más control sobre estas. Aquí el control sobre la privacidad es absoluto. Es imposible para nadie saber cu@al es tu relación privada con cualquiera de tus contactos, a no ser que alguna de las partes quiera hacerla conocer a álguien más. Eso es tierra fértil para los celos, sobre todo cuando lo que publica cierta persona te hace imaginar que es solo la punta del iceberg de una relación privada entre esa persona y tu media naranja.

Empiezas a imaginarte complicidad entre ellos, y tú conoces ese juego. Empiezas a sentir que existen mensajes ocultos que solo ellos pueden descifrar Te niegas a creer en las casualidades, todo se relaciona, todo toma un sentido en tu mente celosa.

Pasamos por eso, y nos reclamamos. Nos reclamamos con fuerza y descarnadamente. En mi caso, llegaba el momento que sentía una frialdad de muerte y no me importaba nada, solo descargar todo la frustración de sentirme muñeco de sus supuestos ardides. En esos momentos ella se daba cuenta que no tenía control sobre mí y sentía miedo, según me confesó.

Es que eres tan distinto..

Sereno, inmenso, paz…

eres tierno, preciso,

dulce..eres tan especial,

y aunque a veces consigo

todo eso transformar,

te torno fiero, fuerte

áspero.. y me llego a asustar

pero pienso en tu alma,

en tu dulce mirar,

y entonces me derrumbas…

por más que me lo niego…

por más que me resisto…

solo te puedo amar..

Esos celos duros, fríos, sórdidos, fueron pasando a medida que aumentaba la seguridad de saber el amor que sentíamos el uno por el otro. Nos ayudaron a comprendernos más, conocer que situaciones eran insoportables para nosotros y cuales no. Con el tiempo solo quedaron esos celitos ocasionales que sirven para demostrar el interés en la relación, no dejar que la pasión desaparezca, y al final, gozar el proceso de reconciliación.

Pasó el tiempo, meses de romances e intimidad y la pasión no cedía. Conocíamos la rutina diaria de cada uno, lo que comíamos, lo que vestíamos, lo que hacíamos a cada momento. Cuando nos bañábamos, jugábamos a dejar la cortina abierta para que el otro, en su imaginación, pudiera disfrutar de la desnudez del cuerpo ansiado por tanto tiempo.

Me parecía imposible que la vida nunca me hubiera puesto a Maia en mi camino. Muchas veces le pregunté: ¿Por qué no nos conocimos antes? ¿Dónde habías estado todo este tiempo que no sabíamos el uno del otro?, y siempre obtuve la misma respuesta de ella, la única posible:

_ ¿Yo?. Esperándote.

Hasta que un día ocurrió el milagro. Estaba delante de la computadora, cerré los ojos un momento y sentí la caricia de su mano en mi mejilla. Abrí los ojos asustados, pero la sensación de tacto y calor en mi mejilla provocado por su mano no desapareció. Confundido sacudí la cabeza y solo así terminó esa extraña sensación tan ansiada, no sin antes haber sentido su mano deslizarse por mi cuello y repasar mi espalda. ¡Fue increíble!. Le escribí inmediatamente:

_ ¡Cosi! ¡Cosita mia! ¡Me tocaste! _ Fue todo lo que pude escribir, pero más me asombró su mensaje de respuesta, que llegó inmediatamente.

_ ¿Lo sentiste, Abi? ¿Lo sentiste?. Yo creía que estaba loca cuando sentí que te acariciaba tu mejilla!!

_ ¿Cómo? ¿Tú lo hiciste? ¿Estabas imaginando eso hace solo unos segundos atrás? _ Pregunté incrédulo.

_ No, no lo imaginaba. Era más que eso. ¡Era tan real que me asusté! _ Contestó, y me siguió diciendo _ ¿Te acuerdas ayer cuando te dije que había sido tuya? No fue metafóricamente, lo sentí fisicamente, como nunca antes. No traté de explicártelo porque ni yo misma entendía, pero fue algo sobrenatural, único. Nunca antes me había pasado algo asi, amor, lo mismo que hoy. ¿Nos estaremos volviendo loco, papito?

_ No me importa si es locura. Si sentir lo que me acaba de pasar es estar loco, pues quiero estar loco la vida entera.

No traté de buscar una explicación, no la necesitaba, incluso la temía. Temía que si me negaba a creer lo que estaba pasando se rompería el encantamiento, el embrujo en que nos encontrábamos. Queríamos adentrarnos en ese mundo de misterios que se presentaba delante de nosotros y retaba nuestro pensamiento pragmático, pero a la vez rompía con la invencible barrera del espacio, que era hasta ese momento, lo único que nos separaba.

Poco a poco fuimos teniendo experiencias similares. Al principio duraban el tiempo de un relámpago. El esfuerzo por retenerla lo más posible y el hacerle saber al otro, lo que sentíamos, con exclamaciones del tipo:

_ ¡¿Lo sentiste?!

_ ¡Siiiiii! ¿Y tú?

_ Claro, sino no te hubiera preguntado.

_ jajaja.. Verdad. ¡Que’ bobo soy!

Hacían que se esfumaran rápidamente. Aprendimos que la solución no era luchar por seguir sintiendo, sino al contrario, entregarse. El estado desaparecía, nos dimos cuenta, cuando entraba en contradicción lo que quería hacer uno, con lo que el otro estaba pensando que le iban hacer. Cuando uno se abandonaba a las caricias del otro, la sensación física se mantenía por todo el tiempo que queríamos. Fuimos aprendiendo a pedirnos el uno al otro lo que queríamos sin ser intrusivo, y por tanto sin hacer que la sensación desapareciera. Concentrábamos nuestros pensamiento en lo que queríamos, y llegó un momento que el pensamiento y el movimiento físico que provocaba contacto se unieron en uno solo.

Felices, empezamos a explorar las distintas posibilidades de esta misteriosa realidad virtual, que habíamos acabado de conocer y gozabamos. Comprendimos también, que los límites eran los que imponía nuestra imaginación. Nuestro primer beso fue inolvidable, con los ojos cerrados nuestras lenguas humedecieron los labios del otro, y los acariciaron una y otra vez, y se acariciaron entre ellas. Con cuidado abrí los ojos y por primera vez nuestras miradas se encontraron provocando estremecimientos y temblores en nuestros cuerpos. Sin darme cuenta sentí que la sujetaba por la cintura con una mano y la otra la adentraba en su pelo rojo, sujetando su cabeza para dirigirla hacia donde yo quisiera. Sus brazos rodearon mi cuello. Nuestros labios se pegaron unos a los otros, bocas abiertas que permitían el paso de las lenguas y por turnos las introducíamos para que revisaran el interior de la bocas, y las lamiamos. A la vez que ella me succionaba mi lengua, me acariciaba mis mejillas con sus dedos, como incitandome a movérsela dentro de su boca. ¿Cuánto tiempo duró nuestro primer beso? Ni idea tengo, pudo haber sido un día, pudo haber sido un segundo. Ninguno de los dos estábamos para medir el tiempo.

Por supuesto, empezamos a hacer el amor. Lo que experimentamos la primera vez no hay forma de describirlo. Tantos deseos acumulados durante largo tiempo hicieron explosión en el desenfreno de nuestros cuerpos. Solo queríamos más, más y más. Nos ahogamos en nuestra propia lujuria y solo nos mantenía a flote la realización de todas aquellas escenas imaginadas en nuestros intercambios de mensajes. Cuando terminamos y volvimos a la otra realidad, nos encontramos transpirados, sudorosos y nuestros pulmones trabajando como fuelles de fragua. Estábamos cansados pero satisfechos y con un sentimiento de felicidad jamás imaginado por nosotros.

Nuestros encuentros siempre ocurrían en ambientes borrosos, nublados, indefinidos. Algunas veces, en aquella época, logré percibir la punta de una almohada, un fragmento de sábana o pared, pero desaparecían de inmediato. A medida que nos adaptábamos más a nuestra nueva realidad, empezamos a prestarle atención a esos detalles. Descubrimos que eso ocurría porque no coincidían los lugares en que fantaseábamos, y que a veces ni le prestábamos atención, porque la idea era unicamente estar juntos, llenarnos el uno del otro. A partir de ese momento, empezamos a imaginar lugares conocidos por los dos, y después nuestras posibilidades se hicieron infinitas, cuando comprendimos que podíamos, usando la red de redes, ir a cualquier lugar real o inventado, que hubiéramos compartido mediante la internet en algún video, película, dibujo animado o fotografía. Palacios y jardines, junglas y desiertos, casas de amigos o escenarios de películas animadas, ninguno se salvó de nuestras visitas.

Nunca me enteré que el curador del museo de la Casa Blanca vivió toda su vida con la intriga, de como habían aparecido aquellos rayones en la cabecera de la cama de Abe Lincoln, que fueron el resultado de las uñas de mi Guajirita, en un sexo un poco rudo que tuvimos en el venerable lecho. Se dice que siempre sospechó de una travesura hecha por las dos hijas adolescentes del presidente Obama.

Ha pasado mucho tiempo, demasiado, pero me decidí a escribir sobre mi gran amor en FaceBook, y como esa gran fuerza que es el amor, en el caso de mi Cosi y yo, rompió con la barrera del espacio y las distancias, y de una forma misteriosa y mágica nos unió para no separarnos… hace unos días atrás, fue etiquetada una foto en mi muro de FaceBook cuyo lema era:

“Solo aquel que lo ha vivido, puede reconocer que a través de una pantalla, se puede llegar a querer desde adentro y con el alma, y sin necesidad de ver.”

No sé, de verdad que no sé, pero me pregunto frecuentemente,si nuestra experiencia ha sido vivida por alguien más en FaceBook.

Ahora, cuando termino de escribir, siento el calor de un cuerpo humano a mis espaldas, dos brazos que descansan sobre mis hombros ,una mano femenina que se desliza entre mi camisa y mi cuerpo acariciando mi pecho, una mejilla que se recuesta a la mía y una cascada de pelo rojo que cae sobre el teclado de mi computadora. Una respiración acompasada, que sin tener que mirar, delata que está leyendo atentamente lo que escribo, y de pronto una voz tierna que me dice:

_ ¿Estás escribiendo sobre nosotros? Nadie te va a creer…

_ Eso es lo que menos me preocupa…

_ No te olvides de decir que yo fui la que te sedujo, haciendo que pensaras que eras tú quien lo hacías, jajajaja

Y su risa de victoria y triunfo canturrea en mis oídos, una risa que me fascina, me hipnotiza, la risa de mi Ratonsita, de mi Pelirroja, la risa de mi Maia

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4 comentarios

  1. […] www. ¿Yo?… Esperandote/Facebook.com […]

  2. Un texto precioso y un hecho real, que a muchos le ha pasado..Pienso que las palabras pueden llegar más rápido que un encuentro en la vida real…es que el amor tiene alas, sin dudas, y detrás de una pantalla puedes “adivinar” lo que frente a frente a veces es difícil: “Solo aquel que lo ha vivido, puede reconocer que a través de una pantalla, se puede llegar a querer desde adentro y con el alma, y sin necesidad de ver…Gracias por tan hermosa historia…!!!

  3. Sabes Arielito? No se si es una historia real o ficticia, me gusto’ mucho, tu como siempre cautivas a quienes te leen y voy a darte mi modesta opinion :Los humanos nos creemos muy fuertes, muy duros , sin embargo no es así, somos más frágiles que un cristal…pasamos por la vida intentando cada vez que podemos demostrar nuestra fortaleza, nuestra manera de pensar y actuar y de pronto nos damos cuenta que nuestra mente es frágil, nuestro corazón lo es más aun y que en cualquier momento estamos atrapados… basta una palabra de amor, una caricia, una sonrisa….creo es perfectamente posible eso que cuenta esta historia, el amor sorprende en cualquier momento porque somos muy vulnerable a el, sólo falta una “chispa” y ya nos abraza…me gusto’ mucho sobre todo el final y como creo que el amor puede surgir cuando menos lo esperamos, quiero imaginar que viven felices porque un amor así debía ser para siempre.

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