Maestros y Margarita, el socialismo y yo.

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Soy un gusano empedernido, un apátrida, un desafecto a la revolución cubana, pero no siempre fue así, desde que tuve uso de razón, hace poco menos de 50 años, creía ser un revolucionario.

Nací en 1963 y como todo joven si tenía que hacer un “cuéntame tu vida” o un resumé, debía comenzar siempre con aquellas palabras mágicas: “Fulanito de Tal, joven revolucionario, nació en el seno de una familia obrera y humilde…” era como una carta de presentación, una forma de abrir las puertas de todo, o al menos eso se creían los revolucionarios. Casi todos los cubanos nacidos a inicios de la revolución de Fidel Castro tuvieron que escribir eso y creerlo durante muchos años, en Cuba si no eras un revolucionario eras un gusano y eso se sabía desde que eras niño. A nadie se le hubiera ocurrido escribir en una autobiografía o un cuéntame tu vida, que te exigían para todo, diciendo: “Fulano de Tal, joven contrarrevolucionario, nació en el seno de una familia pequeño  burguesa. Desde joven se destacó por ser un desafecto al proceso y se esforzaba en la escuela por lograr bajas notas y desarrollar un alto sentido del diversionismo  ideológico…”

La historia de la revolución fidelista es la historia de la represión más feroz contra todo el que no se sumara al carro revolucionario,  contra todo el que tuviera el valor de renegar del socialismo o la osadía de criticar al líder y  comandante de aquella deshumanización social.

La mayor parte del pueblo cubano sucumbió al miedo y al terror de ser señalados como contrarrevolucionarios, ser apestados en tu propia patria, ser reprimidos y perseguidos y lograr que tu propia familia, tus amigos y vecinos te repudiaran de forma agresiva, irrespetuosa y miserable. La revolución fidelista logro la máxima de Nicolás Maquiavelo: “Divide y vencerás”.

El relato Maestros y Margarita es un testimonio de una pequeña parte de esos crímenes del comunismo contra la población cubana y como la ideología socialista no puede triunfar porque el sentido de individualidad, humanidad y decencia se impone en los hombres aunque sean adoctrinados desde niños.

Margarita, una profesora del preuniversitario Leonte Guerra del municipio Boyeros, tuvo que soportar infames actos de repudio junto a su familia y fueron parte de los 125 mil cubanos que lograron salir de Cuba buscando libertad en 1980, por el puerto del Mariel. Yo fui uno de los estudiantes revolucionarios que participó en aquel primer acto miserable contra ella y su familia y este es el relato de cómo aquello cambió mi vida.

 

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Una respuesta

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