La Diosa Bajo el tejado de Zinc Caliente

LA DIOSA book cover FINISH

Gustavo sudaba, a gotas, bajo el tejado de zinc caliente a las cinco y media de la tarde en la Ciudad Deportiva, en La Habana. Estaba adentro de una caseta, parado, frente a una camilla de masajes donde yacía boca abajo, una diosa desnuda, Osiris, campeona Nacional de Tiro con Arco. A pesar del calor Gustavo temblaba ligeramente.

Algunos dicen equipo femenino de Arco y Flecha, pero la Federación Cubana se llama al igual que la Federación Internacional: de Tiro con Arco y les molesta que le cambien el nombre.

Gustavo iba a relajarle los músculos a Osiris sentándola en una banqueta de masaje que utilizaba, casi siempre, para la terapia física que le practicaba a las 7 muchachas del equipo habanero que rutinariamente necesitaban un masaje ligero de relajación.

A veces le pedían un masaje más fuerte y siempre se quedaban dos o tres chicas para que se los aplique, acompañándose; lo hacen sin que él se los pida, pues en ocasiones les había negado quedarse con alguna de ellas, diciéndoles que por ética no debían quedarse a solas con el masajista.

En Cuba es algo que no se estila, el hombre que no quiera estar solo con una mujer en cualquier lugar, tiene algo que ocultar. Al principio las chicas se miraban asombradas y se reían, pensando que el muchacho estaba raro, o flojo, pero terminaron tomándolo naturalmente.

En las clases del Instituto nunca le dijeron que debía seguir esta o aquella regla, pero ellas no lo sabían y él decidió instaurar el hábito, porque aún tenía cierto resquemor a las féminas. Además, el padre le había dicho siempre: “No se caga donde se come” y trataba de respetarlo, ahora más que nunca.

Sin embargo, hoy Osiris lo sorprendió. Se quedó entrenando en el terreno hasta las cinco de la tarde y se le apareció en la caseta, que sirve de cuartel general del equipo, cuando todos se habían ido y él se apresuraba a salir a tomar una ruta 127 junto a la Fuente Luminosa, para irse al albergue universitario en calle 12 y Malecón.

Entonces la atleta se asomó con arco, carcaj y flechas en la puerta de la caseta, en un contraluz digno de una foto que el decidió tomar meses después, con la misma modelo totalmente desnuda, lo que le costaría la expulsión del INDER, el Instituto Nacional de Deportes, no precisamente por la foto, aunque fue la “prueba” incriminatoria.

Ahora, la chica le pidió que la esperara a que se bañara:

-He terminado molida, disparé 212 flechas.

-Pero Osiris, ya todos se han marchado, es muy tarde…

-No importa, yo no te tengo miedo…- dijo sonriendo pícaramente, como si le “supiera” algo, tomando la toalla, ropas de su taquilla y encaminándose a las duchas.

– ¿Tú tampoco me tienes miedo, no?

-No, no es eso, es que pensaba ver el juego de hoy a color…

Lo dejó con la palabra en la boca. Sintió en las duchas el sonido del agua que salía con un chorro minúsculo, y a ella, quejándose de satisfacción cuando el agua fría le limpiaba el cuerpo del sudor caliente…

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