“La Anunciación…… las relaciones humanas y las decisiones en el Mar.”

Video-clip de la canción tema de la película cubana La Anunciación de Enrique Pineda Barnet.

( Guión para un cortometraje escrito por Gilberto Gutierrez durante el Taller de Guiones impartido por el cineasta Enrique Pineda Barnet en Junio-Julio de 1993. )

Estoy desesperado.

Vuelvo a leer el diario de este loco y no puedo hacer nada. Ni un nombre completo, ni una dirección, ni algún lugar que me indique cómo hacérselo llegar.

Lo vi por primera y única vez el Martes 12, hace hoy una semana y un día. Me encontraba en el Cine 23 y 12 el primer día de un postgrado que daría Enrique Pineda Barnet a especialistas de cine. Comenzaba a las 10 de la mañana y entrando en la sala del cine el señor director nos viró sobre nuestros pasos:  “ –A la esquina, a 23 y 12-” , sin explicación previa, …sólo: “-No conversen, observen, ¿qué sucede?, cuando yo les avise retornamos-”.

Muchos se habrán preguntado si estaba loco, pero en fin, el Mar, todos obedecimos como chicos disciplinados que somos.

Llegamos a la famosa esquina. Enrique nos  filmaba con su cámara de video a todos y la tarja que señala lo del carácter socialista. En la calle la gente pasaba y ambos, gente y grupo nos mirábamos como en un efecto de distanciamiento. Miré hacia la galería y lo vi por primera vez.

Allí estaba, haciendo unas fotos tras los cristales y a su lado reconocí a Kacho.

Fui a saludar al pintor  y la portera me cerró el paso.

-Déjelo pasar, es mi primo- mintió Kacho. Casi  nos abrazamos y le pregunté qué hacía. Me explicó que un reportaje y  fotos de su última  exposición. Casi le recriminé que no me hubiera llamado a mi para las fotos. Entonces reparé en las obras. Remos y botes por todas partes. Pequeños botes tallados o construidos con cualquier material. Remos grandes y chicos, en diversas instalaciones. Pinturas. Dibujos. Siempre de remos y botes. Me invitó a pasar y me justifiqué con el taller, prometiéndole regresar cuando terminara. Ya el grupo retornaba al cine 23 y 12. Antes de marcharme me fijé en el fotógrafo: tendría unos 31 años. Pelo ensortijado y nariz a lo griego. De ojos pardos y medía aproximadamente 1.80 metros. Delgado y nada corpulento. Sentí algo extraño. Mis compañeros me llamaron  y me fui.

Después de dos horas del insoportable taller volví a la galería. Entré para ver a Kacho y descubrí algo raro en el fotógrafo. Su mirada era intranquila, estaba eufórico y las preguntas que le hacía a al artista no eran frías. El tono de su voz era bien alterado y gesticulaba a cada comentario. Más que una entrevista a Kacho, aquello era un intercambio de ideas sobre los balseros. El también respondía sus propias preguntas y completaba las del artista. Después se levantó y continuó con las fotos. Tenía tres cámaras, dos colgadas al cuello y hombro y otra en mano, tirando indistintamente con las tres. Kacho se despidió alegando otra cita y yo decidí quedarme para terminar de ver la expo, a la cual, aunque cerrada, tenía acceso, dado mi falso parentesco con el artista. El foto-reportero dejó la cámara,  que tenía en mano,  encima de un bolso y salió a telefonear, según dijo.

Había un remo gigante, casi de mi tamaño, pero contibuaba hacia arriba, ramificándose en un árbol. Un árbol alto y frondoso y sus raíces: la paleta de un remo. Kacho estaba loco. Entonces,  entró el otro, corriendo, loco también, tomó un maletín que estaba junto a la puerta e hizo una señal de despedida. Lo ví por los cristales, abalanzarse sobre un camión detenido en la 12 avenida y que salió disparado una vez que el loco lo abordó y el semáforo cambió de maduro  a verde.

Cuando me marchaba la veladora me atajó:

-Mire, se le queda aquello.

Retrocedí y vi la cámara y un pequeño bolso.

Observé a la señora y me di cuenta que era de esas personas incapaces de hacerse responsable de algo. ¡Y así era veladora!

Tomé la cámara y el bolso y me propuse buscar alguna seña y llevárselos al otro día a su dueño. De lo contrario se lo llevaría a Kacho, que lo conocía.

Esa noche revisé el bolso: ni dirección, ni nombre ni seña alguna. Solo la cámara fotográfica, dos lentes, varios rollos fotográficos y el diario espeluznante. El diario de un loco. Era el diario de un viaje, pero de un viaje que aún no se había realizado. Era la preparación del viaje. Primero el encuentro y la presentación de un grupo: cinco personas en total, el sería el sexto. Aportó una brújula y un tanque de agua plástico. No los conocía, sus sospechas, sus miedos , la construcción del “tareco” y su vela, en medio de un pueblo sin costas ni ríos. Una salida frustrada y la reorganización de todo. Sus experiencias con “el palo Mayombe” y su introducción en los actos religiosos del grupo. Y en el fondo de todo su amor. Un amor enorme por lo que dejaba. Por la ciudad. Su ciudad. Nuestra ciudad.

En uno de los días, el  Viernes 8 de Julio, hace una reflexión del por qué de su viaje, por qué abandonar la ciudad que tanto ama, el por qué de esa aventura, o mejor, de esa locura. Quería hacer un reportaje único: la historia de cómo seis personas arriesgaban sus vidas en un balsa de 5X2 metros, cómo lo llevaban a cabo. Eso no se había documentado y el lo haría, un fotoreportaje desde adentro. Había además un texto anexo con la descripción de sus impresiones o recuerdos, de ciertos lugares que fotografió.

Al otro día corrí a casa de Kacho. Era miércoles 13 de Julio y en uno de los últimos días del diario había un dato fatal: saldrían el miércoles 13. Definitivamente la suerte estaba en contra nuestra, el pintor se había ido a provincias y no regresaría hasta dentro de 15 días. Le pregunté a Julia si conocía al periodista que lo entrevistó en la galería, de qué revista o periódico era, algo, su dirección, nombre, algo. Ella no sabía nada, -espera a que regrese- me dijo.

Estoy desesperado. Tengo en mi poder todo el marterial.

Ayer fue el sexto día y hubo mal tiempo. No pude resistirme a la curiosidad.  Soy fotógrafo también. Revelé los tres rollos blanco y negro y prefiero hablar solo de uno de ellos. El menos comprometedor. Son fotos de La Habana. Pienso que las tomó un Sábado, las de los textos anexos.  A cada una le corresponde uno.

Llevo días recorriendo el Malecón,  los arrecifes, bañándome con las olas, mientras espero verlo para devolverle sus cosas y no tener que decirle: “…Te espero en la eternidad.”

Te espero en la Eternidad / photo by GilbertoGutierrez

Escrito por GilbertoGutierrez/ Julio 20 de 1993.

7 comentarios

  1. Sinceramente, se trata de un texto de una pujanza arolladora, que te mantiene de principio a fin atado a la creciente intensidad de la anécdota y a la espera del desenlace.
    No es un cuento, sino un testimonio con la técnica del cuento y una prosa directa y viva.
    Se trata de un hecho trivial, aparentemente intrascendente, cotidiano, rutinario, pero sobresale e impresiona por el tratamiento literario que se le imprimió a la hora de escribirlo. Felicito a Gilberto, el autor. Ezequiel Pérez Martín.

  2. Ezequiel:
    Gracias por sus palabras halagadoras y desmedidas para con el autor. Las apreciamos más por saber que vienen de álguien que esperamos tener el honor de publicar algo de su mano.
    Saludos y gracias otra vez.

  3. Uff, echando candela!!!
    No se ni por donde empezar, porque a parte de lo buena literatura que es el cuento, es genuina historia de cualquiera cubano en aquellos días del 94, yo soy nuevitero esa misma tensión estaba en todos nosotros. Felicidades por la el trabajo que estáis haciendo. No me fui en balsa, yemaya me lo proverbio, pero me fui. Me encantaría colaborar con ustedes.
    Saludos
    D

  4. Darwin:
    Gracias por tus palabras y dame un email a gilbertogutierrez@photo.net
    Un abrazo

  5. A TODOS LOS VECINOS : ESTAMOS LOCALIZANDO A LOS BALSEROS DEL EXODO DE 1994 QUE ESTUVIERN EN LA BASE NAVAL DE GUANTANAMO. HAY MUCHAS FAMILIAS Y AMIGOS DE ESE PUEBLO DESEAN SABER DE ELLOS. HAY UNA PAGINA ; EXODO DE BALSEROS DE GUANTANAMO 1994 SI CONOCEN A LOS MISMOS Y ESTAN EN FB AGREGALO A ESA PAGINA. GRACIAS POR LA COOPERACION DE TODOS.

    https://www.facebook.com/groups/exodobalseros1994/

  6. Felicidades, Gilberto. Como siempre, un impecable trabajo. Tambien me encanto la cancion.

    • Gracias Margarita: El cine y el arte de Cuba aún tienen una deuda con las historias por las que ha tenido que pasar el pueblo cubano a manos de quienes se robaron la isla hace poco más de 50 años. Gracias por visitarnos y comentar en ElBalseroSuicida.

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