Cuentos del Séptimo Día, Ángeles y Balseros.

En 1992 Enrique Pineda Barnet publicó su cuento “Soplar como Dios”, reproducido también aquí en nuestras páginas. En esos años iniciales de los 90 nos regaló, entre otros, algunos que salieron después reunidos bajo el título de “Cuentos del Séptimo Día”. Les ofrecemos ahora dos de sus muchos Cuentos, de aquellos años, y que estaban relacionados directamente con el éxodo masivo de balseros de Agosto de 1994, escritos magistralmente por el reconocido maestro,  poeta y Premio Nacional de Cine.
elbalserosuicida/Septiembre 15 del 2010

LOS ÁNGELES

(Para Fernandito, el hijo de Gilberto)
Adonis Led by Cupids to Venus.
Paint by Francesco Albani. circa 1600.
Museo del Louvre, París.

Los ángeles. Son los ángeles  realmente quienes enloquecen.  No puede perder la cabeza aquel que no la tiene.

Los ángeles son dueños del  talento y, por lo mismo, quienes lo desperdician.

Un día, los ángeles se echaron al mar, llenando de polvo dorado la superficie –que nunca más fue azúl-.  Los ángeles doraron o enrojecieron las aguas, con su sangre devorada por las fieras del fondo.

La fiera enfurecida, forcidas, madre Olokun comiéndose a sus hijos.

La marea encabritada, la ola gigantesca, envolvió las cabellera rubias de los ángeles, enlazó los brazos alados de los ángeles, enronqueció las voces angelicales de los ángeles.

Fueron los ángeles los que enloquecieron. ¿Cómo podía ser de otra manera? Si estaban exaltados de magias, si estaban llenos de sueños, si estaban colmados de deseos por realizar, si estaban repletos de perfume, cargados de suspiros, anhelos, esperanzas.

Los ángeles enloquecieron  y cambiaron el cielo por las aguas.

Cualquier cosa, cualquier cosa menos sobrevivir en tierra, un angel no se puede enfangar.

 

 Ignacio Simón

 Agosto 19 de 1994

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Sobre los Ángeles


Angel de la Guarda /  by Pietro Cortona circa 1656.

 

Si no tienen alitas, no son ángeles. No hay ángeles sin nimbo, sin vuelo, sin perfume. Ángeles del bien o del mal, de la Anunciación, o del juicio Final. El ángel de la guarda, el del destierro, aquel ángel caido por el mal en el infierno. El angelito de la dulce postal de la primera communión, el otro que guarda a los niños recogiendo flores al borde del precipicio.

Los angelotes del cuadro de la durmiente en la barcarola sobre las aguas como espejos donde flotan las rosas. Los ángeles rosados del bajorelieve art’nouveau, sobre el capitel de la cama, en los techos enyesados, en la lámpara de noche a puro bronce, rodeados de encajes, de Cintas de reso, de olor a vetiver, a saché  de Viejo, olor a Viejo, a sándalo olvidado.

El ángel mutilado sobre el mártir yascente con su lanza quebrada sobre el dragón.

El ángel custodiando los destrozos de la Guerra.

El ángel de las aguas, rescatando sobrevivientes de todos los naufrágios.

 

!Ah, gracias por estar, ángel del agua, gracias por cuidar de los menospreciados del Señor!

 

Ignacio Simón

Septiembre 6 de 1994

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Otros Cuentos del Séptimo Día de Enrique Pineda Barnet, vaya a su blog cliqueando aquí:    PUENTEAR

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5 comentarios

  1. […] Cuentos del Séptimo Día, Ángeles y Balseros. […]

  2. Demasiado angelical esto para mí. Prefiero los diablitos.

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