El Surrealismo Subterráneo de Fidel Castro.

Escrito por Ariel Romero, Septiembre del 2011

“Yo no sé nada de surrealismo,
el que sabe es Castro”- Salvador Dalí

Corría el año 1989 y a nuestro guía y líder se le ocurrió la sacra y surrealista idea, como todas las de él, de hacer túneles y refugios subterráneos en toda Cuba, debido al inminente y siempre presagiado bombardeo militar aéreo del imperialismo yanki. En aquella época todavía no había acuñado la palabra imperio, para referirse al vecino del norte. Usando la historia como cimiento de su teoría, hablaba de cierta isla japonesa, que durante la II Guerra Mundial, los japoneses habían resistido los bombardeos americanos metidos como topos en huecos hechos en la tierra. Con esa lógica irrefutable y olvidándose, que ya habían pasado más de 40 años de desarrollo tecnológico, puso a toda Cuba a abrir huecos.

Yo trabajaba en la CUJAE, siglas que significan: Ciudad Universitaria José Antonio Echeverría y aunque le habían cambiado el nombre y oficialmente, en esos momentos era ISPJAE (Instituto Superior Politécnico José Antonio Echeverría) estudiantes y profesores se aferraban a seguirla llamando por la siglas definidas por el pomposo nombre de ciudad universitaria. A la CUJAE se le exigió la construcción de dos respiraderos ubicados en Los Positos, barrio marginal del municipio Marianao en Ciudad de la Habana.

Se hizo una reunión del sindicato en mi departamento para hallar voluntarios que trabajaran durante un año en los túneles. Es el tipo de reunión sindical más temida por los trabajadores cubanos con fachada de integración revolucionaria. No quieren ser elegidos, pero a la vez, no quieren que sufra su fachada de incondicionalidad al régimen cubano. En un centro de trabajo, como la CUJAE, la más mínima sospecha de desafección puede costar caro.

Relajado, porque en esa reunión yo era el único que sabía cual iba a ser el desenlace, pude disfrutar como los comecandelas del departamento echaban mano a todo tipo de justificación para hurtar el bulto. Elevando los conceptos de voluntariedad y disponibilidad al nivel de categorías filosóficas y con una maestría, que Marx y Engels hubieran envidiado, lograda con la práctica diaria de la doble moral, usaban los conocimientos de dialéctica, aprendido en aburridos y continuos cursos de filosofía marxista,  para demostrar que ellos se prestaban con toda la voluntariedad del mundo para cumplir con la tarea encomendada, pero no estaban disponibles por razones que iban desde abuelitos enfermos hasta animalitos adoptados. Con el dolor de sus almas tenían que renunciar a esta gran oportunidad que le brindaba Fidel y el partido, para corresponder a todo lo que la generosa revolución había hecho por ellos. Pensaba en ese momento, a donde iría a parar tanta dialéctica de esquina, si el pedido de voluntarios hubiera sido para un viaje al extranjero y no para romper piedras.

Otro objetivo de la reunión era justificar la idea genial de nuestro máximo líder y entonces no era extraño que los discursos de justificación tomaran un derrotero histórico e involucraran a personajes de nuestra historia poniendo a abrir huecos al Che y a Maceo y por supuesto recordar la etapa que nuestro héroe nacional pasó en las canteras de San Lázaro. A mi entender, la medalla de oro de esa reunión la ganó una intervención, en que se ponía en duda  la conquista española en nuestra patria, si nuestros aborígenes hubieran conocido las técnicas tuneleras e hizo una analogía histórica, digna de Alejo Carpentier, entre el caza bombardero F-16 gringo y la españolísima Santa Maria. Tentado estuve de desarrollar una tesis sobre el pensamiento marxista del Conde de Montecristo pero no quería participar hasta el final.

Cansado de reirme y compadeciéndome de los aprietos que estaban pasando mis colegas, hice lo que tenía pensado desde un principio. Me levanté y me autopropuse para cumplir la heroica tarea, ante la mirada atónita de todos, seguido rápidamente por un suspiro colectivo de alivio, que a esas alturas nadie trató de ocultar. Mi decisión se debía a todo lo contrario de lo que se había expresado en alta voz en esa reunión. Tenía una obstinación, desencanto e impotencia tan grandes en esa época de mi vida, que pedía a gritos alejarme del asqueante e insoportable ambiente político de la CUJAE que me asfixiaba y me hacía soñar todas las noches con el Estrecho de la Florida y una fuga suicida. Si para los demás, un año en los túneles era una catástrofe en su vida, para mi fue algo comparable a la llegada del año sabático para los católicos.

Solo cuatro personas íbamos a estar permanente por un año, los demás se incorporaban por una semana o quince días. La CUJAE no había podido encontrar más voluntarios para poder tener un personal estable en la construcción de los túneles. Al menos, me dije, no son tantos los “incondicionales”. Cuatro locos estábamos a cargo del túnel de la CUJAE y ninguno pensaba en el bombardeo yanki.

Llegué una mañana montado en mi bicicleta china, al terreno abandonado donde se iba a tratar de hacer realidad las locuras de “coco seco”. Un compresor japonés de gasolina, nuevo de paquete, nos estaba esperando y una caseta en la esquina, al frente del solar, de dos habitaciones, servía de comedor y almacén. Calderín era el jefe, el menos loco y el único revolucionario, aunque después de ese año perdería su virginidad ideológica y pasaría al bando de los que la inocencia revolucionaria había pasado a ser historia. Waldo, tremendo amigo y encargado del juguetico japonés, con un curso de una semana en su haber, para saber cuando apretar los tres botones que tenía el compresor. Anita, que cuando la ví, me asusté que la fueran a poner a dar pico y pala, pero para mi tranquilidad se ocupó de todo lo que no tenía que ver con la sacadera de tierra de los dos agujeros, y por último un servidor.

La meta era un metro de profundidad diario, pero como en el famoso cuento del infierno comunista, cuando no faltaba la gasolina para el compresor, no llegaban a poner la dinamita y cuando había gasolina y dinamita, no había reemplazo para el martillo neumático encasquillado y cuando aparecía el reemplazo, pues no había disponible transporte para que nos lo trajeran. Concluyendo, nada nuevo del quehacer diario de nuestra revolución. Además que las condiciones de trabajo dejaban mucho que desear, la tierra del hueco se sacaba a cubo, con una polea montada en un trípode y a mano, jalando la soga. Todo esto resultó en que la meta, la cumplimos en muy, pero muy contadas ocasiones. Eso sí, no faltamos a un chequeo de emulación para oir decir al secretario general del sindicato, orgullosamente, que íbamos a convertir la Habana en un queso “grullé”, una emocionante comparación entre los huecos del famoso queso suizo y como querían dejar el subsuelo habanero.

En esos chequeos emulativos siempre ganaba el ITM, el Instituto Técnico Militar, antiguo Colegio de Belén que tiene en su haber, no sé si llamarlo honor o mancha, de que el responsable de esta aventura subterranea haya estudiado bachillerato en sus salones. Según algunos, esa fue la consecuencia, de que cuando en Cuba convertían los cuarteles en escuelas, al Colegio de Belén lo convirtieron en una dependencia militar, en venganza a la estricta disciplina que hacían gala los padres jesuitas del colegio y que nuestro iluminado sufrió en carne propia. En el túnel del ITM cuando no había dinamita, o gasolina, o martillo neumático o cualquier cosa que nos impedía a nosotros cumplir con la meta diaria, ellos buscaban un pelotón de cadetes, dándole una barrena a cada uno y con la promesa de sus superiores, de que si no bajaban el metro no tenían pase el fin de semana, los cadetes, revolucionaria y disciplinadamente, cumplían con la norma.

Los primeros dias en nuestro hueco, el trabajo fue a pico y pala. Había que profundizar y sacar toda la tierra hasta encontrar la roca y poder dinamitar. Hicimos un hoyo de unos 3 metros de diámetros, y al llegar a unos dos metros de profundidad, encontramos roca firme. Hubo que esperar por un “experto” que diera la luz verde para dinamitar y hacernos entrega de una barrenadora rusa que trabajaba por compresión de aire, para empezar nuestra obra artillera. Nadie de nosotros había usado una barrenadora en su vida. Valientemente me lancé primero, a hacer trabajar aquel artefacto salido del ingenio de los que hasta hace poco nos decían que eran nuestros hermanos y ahora ya no se sabía como llamarlos. Aquel cachivache  debieron haberlo  mandado con el siberiano que la pusiera a trabajar, porque aquel armatoste para que funcionara necesitaba una persona que tuviera tres o cuatro veces mi volumen corporal. Cuando empecé a hacer el hueco todo me fue bien, hasta que el tareco se trabó al encontrar fango entre piedra y piedra, y al no poder dar vuelta la barrena, empezó a girar la agarradera y con ella yo, lanzándome contra la pared del dichoso túnel, asombrándome de que no se me hubiera partido  un brazo. Cada vez que se atascaba me recordaba a Excalibur y entonces nosotros tomábamos turnos, como caballeros medievales, para tratar de arrebatarle a la piedra nuestra moderna espada. Hasta que al fin uno de nosotros, por obra del destino, se convertía en el Rey Arturo, casi siempre era Waldo, el más fuerte de todos nosotros, y lograba coronarse rey de Los Positos, con el soberano fondillazo en el fondo del túnel, al perder el equilibrio, en el momento que la tierra soltaba al puñetero aparato. No pocas veces Excalibur pasó la noche sembrada en la piedra y nosotros soñando que el sereno de la noche, por alguna reacción química milagrosa y con ayuda de la Virgen del Lago, guardiana de la legendaria espada, ablandara el abrazo con que la tierra sujetaba aquel pedazo de tecnología hermana.

Después de dos o tres días luchando con la barrenadora rusa, logramos hacer los dieciseis huecos para colocar la dinamita. Llamamos, que estábamos listos para estrenar la dinamita en nuestro túnel. Esa tarde apareció un camión y descendió el protagonista del momento. Un negrito con cara de albañil, que en cuanto me dijeron que era el “artillero” enseguida pensé en el curso de Waldo de una semana para manejar el compresor. Hizo una inspección del lugar, puso los cartuchos y desenredó las mechas hasta unos metros del hueco. Arriba del hueco se colocaron unas planchas de plywood para evitar que salieran los escombros debido a las explosiones. Cortó las mechas a diferentes longitudes para que no explotaran todas las cargas a la vez y las encendió, retirándose del lugar con un paso tranquilo y parsimonioso, sabiéndose el héroe de la ocasión. Nosotros nos habíamos posicionado en las cuatro esquinas del solar para no permitir el tráfico de personas, aunque por supuesto, lo que iba a pasar se había convertido en todo un acontecimiento local y la cantidad de curiosos era grande.

Con la primera explosión, todos los plywood que habíamos colocado con tanto esmero, salieron volando por los aires como hojas de papel, dejando el paso libre y sin ninguna resistencia a todas las piedras que serían proyectiles de las quinces explosiones restantes. Ese ha sido, en verdad, el único bombardeo aéreo que ha tenido Los Positos. Cayeron piedras en todas las casas de los alrededores, provocando la estampida de los curiosos y hasta de nuestro albañil, que no paró de correr hasta hallarse a dos cuadras del lugar. Muchas de las tejas de fibrocemento, que usaban como techo las casas del lugar se hicieron añicos, provocando la furia de los vecinos, que por poco nos linchan in situ. Solo se calmaron y desistieron de la idea de enterrarnos vivos en el famoso respiradero, cuando se les prometió el reemplazo de las tejas.

A todas estas no habían explotado todos los cartuchos de dinamita y ante mi preocupación de cómo se iba a hacer, me contestó nuestro artillero, montándose en el camión:
_ Mañana escarban y los sacan.
_ ¡¿Nosotros?!
_ ¿Quién, sino? Eso no tiene lío, mi ecobio. Eso no explota sino enciendes la mecha. Me voy, que me están esperando en el túnel del ITM.
Y se fué la irresponsabilidad revolucionaria con su gorrita de pelotero puesta de medio lado, arriba de cuatro ruedas.

Al otro día, Calderín ni se preocupó por pedir voluntarios para desenterrar las cargas de dinamitas, porque lo primero que le dije cuando llegué por la mañana fue:
_ A mí, ni me mires.
Mientras Waldo con un trapito, le daba brillo a la carrocería amarilla del compresor y chiflaba la melodía de “Ya viene llegando”. Así que no le quedó otro remedio que ser él, el designado para lidiar con las cargas defectuosas.

Mientras Calderín fungía de zapador dentro del hueco, Anita, Waldo y yo desde una prudencial distancia, esperábamos verlo volar por los aires en cualquier momento. Nos reprochamos no haber puesto las planchas de plywood mientras él cumplía con su misión “heroica”, pensando que si explotaba una de las cargas de dinamita y el no moría , al menos no moriría desnucado cuando diera el primer rebote afuera del hueco. Al fín vimos a Calderín salir triunfante del hueco, con los dos fulminantes defectuosos en la mano, para alivio de todos.

Pasamos por un proceso de transculturización local. Un año en Los Positos hace que uno adopte ciertas costumbres y una de ellas era la llegada de la pipa de cerveza, todas las tardes, a partir del miércoles hasta el domingo. Entre la una y las dos de la tarde, ya se veían a los exploradores del barrio, encima de sus bicicletas chinas, tratando de ubicar las coordenadas de la pipa. Nunca se estacionaba en el mismo lugar. Esa incógnita diaria de no saber donde se iba a estacionar la pipa de cerveza, a mi siempre me pareció parte de algún plan macabro. Cuando los exploradores poseños o posileños, no tengo idea de como será el gentilicio de los habitantes de Los Positos, ubicaban la pipa de laguer, comenzaba a circular el mensaje de boca en boca hasta que llegaba a nosotros. Entonces salía pedaleando, Waldo o Calderín, que me llevaban en la parrilla de la bicicleta sujetando el cubo plástico azúl de diéz litros, exclusivo para la ocasión. Yo siempre iba, porque siendo el más flaco y pequeño de los tres, era el encargado de llegar, por los medios que fuera, hasta delante del mostrador de la pipa, entonces me alcanzaban el cubo por encima de las cabezas de los que había dejado atrás y empezaba el forcejeo con mis vecinos haciendo  cuanta pirueta fuera necesaria para ganar la atención del pipero. Todos tratábamos de poner el cubo lo más cerca posible de su cara, moviéndonos lateralmente, a un lado y hacia otro, al mismo compás que él, y roncos de tanto gritarle:
_ ¡Aquí! ¡Aquí! ¡Aquí está lo tuyo! _ Mientras agitábamos en la otra mano un puñado de dinero cubano.
Cuando el cubo elegido no era el de uno, había como un impás, un tiempo de descanso mientras llenaban el recipiente con aquel líquido ambar que uno de sus componentes era la cerveza. A veces, en ese tiempo, se lograba una relación más humana con el contrincante de al lado y se intercambiaban expresiones del tipo:
_ ¡De madre, mi ambia! Lo que hay que hacer pa’ tomarse un laguer.
_ ¡No me digas na’, monina! Date con un canto en el pecho que todavía hay laguer.
_ La cosa está pelúa.
Todo esto sin quitarle el ojo al pipero y en cuanto terminaba de llenar el cubo, volvía a empezar el empuja, empuja y la gritería. La salida era más fácil, porque los que esperaban te permitían el paso, con la esperanza de ocupar el lugar que uno dejaba.

Aún no sé como todavía me funcionaba el hígado cuando finalicé el año en los túneles, y como logré sobrevivir aquellos miércoles, jueves y viernes de cada semana en que montado en la bicicleta, recorría unos 20 kilómetros para llegar a mi casa, con un tercio de cubo de cerveza entre pecho y espalda, dando zigzag en la carretera por el mal funcionamiento de mi cerebelo.

Entre explosiones y tomando cerveza pasó el año, hasta que  un día al llegar,  nuestro amado túnel estaba lleno de agua. Esta vez, para sorpresa nuestra, no se demoraron en traer una bomba de achique y se empezó a extraer el agua, mientras trabajabamos en el otro respiradero. El agua se negaba a bajar su nivel, aunque aquella bomba no paraba de succionar las 24 horas del día. Al fín apareció un geólogo del ejercito y descubrió que habíamos dado con un manantial. Túnel cerrado por agua y calabaza, calabaza, cada uno para su casa. El trabajo de un año completamente inservible. El que resumió todo fué nuestro amigo el artillero con cara de  albañil y gorra de pelotero de medio lado, al que ya le tenía cariño. Cuando le conté lo sucedido, me respondió:
_ Así es la vida. _ y todavía no se, si fue en broma o en serio, cuando me preguntó _ ¿Ya les dijeron dónde van a empezar el otro?
_ ¡Que lo empiece tu madre!

Antes que se llenara de agua el hueco, habíamos bajado quince metros y en el otro nueve, haciendo un total de veinticuatro . En un año hicimos la norma de menos de un mes. Quitando los dos meses de vacaciones y los fines de semanas se podría promediar y llegar a la conclusión que bajamos doce centímetros diarios. ¡Viva la revolución!

Hacía unos meses que me había integrado a la docencia cuando dieron la noticia de la guerra en el golfo, la madre de todas las batallas como la llamó Sadam Hussein  o la operación tormenta del desierto, como la nombraron las fuerzas de la OTAN. Esta fue la primera guerra que se le dió cobertura televisada en vivo a cargo de la CNN. Vimos como una bomba inteligente entraba por el respiradero de uno de los refugios iraquíes, atravesaba no se cuantos pies de concreto y explotaba adentro de la habitación escojida para bombardearla. Hasta ahí llegó el surrealismo subterráneo del comandante.

¡Pero no se cansa, chico!

No había pasado mucho tiempo, cuando ya empezó con otra idea surrealista, esta en un terreno donde son sonados sus fracasos: la agricultura. Un día camino a mi salón de clases, me llamó la atención un cartel en el mural de uno de los pasillos de la Facultad de Mecánica, dibujado con plumones de colores. Me detuve a leerlo.

AVISO

Citación para la reunión del sindicato, el Lunes de la semana entrante

Orden  del día

    Disponibilidad de nuestros trabajadores para integrar el contigente

 agrícola de la CUJAE

¡A DAR EL PASO AL FRENTE, COMPAÑEROS!

      NUESTRA PATRIA LOS NECESITA AHORA

 ¡ADELANTE!

Con la experiencia de 30 años de Revolución y el ánimo del primer día.

Y yo, de nuevo, me estaba cansando de la CUJAE.

27 comentarios

  1. Como me has hecho reir con las locuras de la revoluccion y tus vivencias como constructor de tuneles,es increible como las ideas locas de un solo hombre pueden mover a un pais entero a tratar de hacer lo imposible y envueltos de voluntad y talento para sobrevivir el dia a dia el cubano se las ingenia para salir adelante y triunfar en la hermosa revoluccion de fidel castro,yo fui parte de esas locuras muchas veces ,la escuela al campo,las micro brigadas, el servicio militar, el famoso PPG las inmensas plantas construidas ,era la pastilla que haria millonaria a nuestra revoluccion por el descubrimientro y destrasa de nuestro cientificos ,fueron como dies plantas completamente equipadas ,de ellas se quedaron solo dos funcionando y la que exploto trabajaba un servidor que gracias a la vida ese dia estaba libre.CUBA y su revoluccion a sido la mayor plaga para nuestra isla y sus habitantes.

    • Gracias por leernos y muy agradecido por tu comentario. Cuando escribo de esa época no puedo escribir de otra forma que no sea con ironía y burla, no encuentro otro medio para expresarme. Como bien dices todo es locura e improvisación, envolviendonos en un mundo que no tiene que ver nada con el mundo exterior y creandonos prioridades que solo pueden tener lógica en una sociedad como es la sociedad cubana de hoy.

  2. A mi me ha parecido muy bien. Es lo que queda, es la historia de lo que hemos vivido día a día, que es la vida construida poco a poco en oraciones o frases. Ten por seguro que me hiciste vivir un instante, del cual yo no pude disfrutar nunca. Yo no tengo nada que contar, así de ocurrente y gracioso, aunque para ti haya sido un trago amargo. Yo no tengo nada que contar, solo cuando me llevaban de mi casa a la escuela y de cuando crecí, el trabajo monótono y común de todos los días. Yo no tengo nada que contar, porque aunque soy cubana, nada puedo decir del día que mis padres me levantaron del piso y me trajeron a vivir a un país extraño. Mira como todo es cotradictorio. Tu puedes hacer una historia de tu vida en tus 30 años en Cuba. Yo no puedo hacer ninguna. gracias

  3. Tu también tienes recuerdos, Carmela, a lo mejor no con ese sabor agridulce que deja el mío cuando rememoro esa época de mi vida, pero los tiene de otros tipos. Leyendote recordé a mi hija, a lo mejor ella ahora piensa como usted, porque yo también fui un padre que levantó a su hija del piso y la trajo para acá y una y mil veces me alegro de haberlo hecho. Si ahora puedo hablar de esos recuerdos dejando ver el lado absurdo y por tanto gracioso del momento, no dejo de olvidar que ese tipo de situaciones fueron tan desesperantes y sofocantes que me hizo lanzarme en un viaje suicida para atravesar el estrecho de la Florida, viaje que muchos terminaron ahogados o comidos por tiburones. Por nada del mundo quisiera ver a mi hija en un estado de ánimo que decidiera por un viaje para llegar aquí, como el que yo y muchos cubanos hicimos con éxito algunos y otros, desgraciadamente, sin éxito.
    Muchas, pero muchas gracias por leernos. Un abrazo grande como el cielo.

  4. Agradezco esta historia contada con fino humor y ese sabor que solo los cubanos sabemos impregnar a todo lo que hacemos, a pesar de los malos momentos y la perdida de tiempo en tan absurda idea, nunca el humor y el buen animo los abandono’, somos de aquellos de que: al mal tiempo buena cara.Disfrute’ mucho de esta historia que pasara’ a formar parte de una mas de las descabelladas ideas de las tantas existentes en nuestro país, pero aun asi, me ” atrapo” tanto que hubiera querido no terminara, a pesar de que el protagonista hubiera terminado peor parado que lo que cuenta la historia. Gracias Balsero Suicida.

    • ¡Oígame! Podríamos hacer más larga la historia pero dejémos al protagonista tranquilo. Solo jugando, gracias Mayrita por tu comentario.
      En verdad hubo accidentes fatales pero no quise contar sobre ellos para no poner dramático el escrito. No en el tunel de la CUJAE, pero en Guanabacoa murió una persona por mal manejo de los explosivos, y en otros túneles hubo derrumbes. No existía seguridad alguna, nunca ví a alguién de protección física en nuestro tunel. Aquello fue una locura.

  5. Balseros: buenísima la crónica, la disfruté mucho también. Me encantó la parte de la pipa de cerveza y te imaginé regresando en la bicicleta zigzagueante.Qué absurdos tan grandes, por dios. Cuando uno mira hacia atrás, no le queda otra que reírse, pero en el momento, sí era bastante obstinante.Un abrazo, grande.

    • Folclor puro, Charlene, folclor puro. Todas esas cosas lo que me recuerdan es la conga de la chambelona. Así se hacía todo y se sigue haciendo que es lo más triste. Un abrazo grande para ti y muchas gracias por el comentario. Saludos.

  6. Balserito querido, me encanta todo lo que leo de ti, es cierto que Dalí con su surrealismo y el Macondo del Gabo se quedan chiquitos ante tantas ideas absurdas y, por demás, llevadas a vías de hecho, pero igual me reí muchísimo y también te imaginaba zigzagueando con tres pergas de más desde la CUJAE hasta Santiago de las Vegas. Pero es triste lo que nos tocó vivir, como dices, puro folklor entre lágrimas de sangre. Besitos!!!! Por cierto ¿eran pergas o laticas? jajaja.

    • Mi Prima, ¿Cuántas veces habré pasado por el frente de tu casa no pudiendo ver más allá del manubrio de la bicicleta?. Me llena de alegría que te haya gustado el relato y te agradezco mucho el comentario. En cuanto a tu pregunta, ya en esa época se habían perdido las pergas, solo se encontraban en los carnavales, teníamos que brindar con laticas o pomos de mermelada rusa.. ¿te acuerdas?. Un abrazo bien grande para ti.

    • Mermelada búlgara, me recordaron ahora, no era rusa. Los pomitos de compota rusa eran para los spirits, como la coronilla que se tomaba en El Paso, en la esquina de la calle 1 y la 2, en Santiago de las Vegas.

  7. Muy ingeniosa descripción de otra de las “fideladas” que puso en acción a millones en la isla por causas ajenas a su propia voluntad (léase por oligación). Súmense a lo de los túneles, el cinturón de La Habana, los pedraplenes, el cruce de ganado bovino y el mucho más serio, triste, doloroso e imperdonable envío de miles de cubanos a la muerte durante la guerra de Angola.

    • Me gustó el término: “fideladas”, es una forma idónea para describir lo que ha pasado en nuestra Patria en los últimos 50 años. Esa ha sido su historia, fideladas trás fideladas. Muchas gracias por el comentario, Ezequiel y un abrazo.

  8. ARIEL QUIZAS NO ME RECUERDES PERO YO A TI SI
    ASOCIAME CON UVEN, YO SOY SU MAMA Y DESPUES DE LEER ESTE DE VERAS QUE LO HE RECORDADO TAL Y COMO FUE PERO TAMBIEN ME HE REIDO CON TU MANERA DE CONTARLO JAJAJAJAJAJAJA
    FUERA DE CUBA MANTENEMOS EL BUEN HUMOR Y ESTO ES MUY SALUDABLE JAJAJAJAJAJA
    SE LO ACABO DE MANDAR A MI HIJO QUE SE LO DISFRUTARA
    UN SALUDO AFECTUOSO PARA TI Y LOS TUYOS LA SIEMPRE YOLA

    • ¿Cómo piensas que no me voy a acordar de ti? Pregunto mucho por tí y por Uven, a veces a Gilberto y a veces a su familia. Me alegra que te hayas reido con mi anécdota y por supuesto, la risa y el humor por delante y reirnos de nuestras desgracias pasadas para tener fuerza para enfrentar las presentes. Un abrazo grande desde Miami.

  9. UN POCO LARGO PERO MUY REAL Y SIMPATICO. EL DIA QUE SE ESCRIBA LA VERDADERA HISTORIA DE CUBA, COMO ÉSTA POR EJEMPLO, LOS QUE LA LEAN FLIPARAN. CREO QUE LA DEFINICION DE SURREALISTA SE QUEDA CORTA.
    SALUDOS!!

    • Si, Isabel, también me pareció largo pero antes de publicar una versión más corta dos grandes amigos me dijeron que se quedaban con ganas de seguir leyendo, que necesitaba que escribiera más y a ellos no les puedo negar nada, entonces salió esta versión. Espero no haberte aburrido y pudieramos encontrar un término mucho más profundo que surrealismo… jajaja.. porque estoy de acuerdo contigo.

  10. Si cada uno de nosotros contara lo que nos toco vivir, y se unieran las historias, habria que definir un nuevo estilo que va desde el surrealismo, la novela negra, terror, comedia, drama, literatura del absurdo, cronica, aventura, costumbrismo, west, ficcion, misterio etc, etc., nada que sin fetichismo, los cubanos siempre los primeros en el invento. Me gusto mucho, saludos,

  11. ¡Maravillosos trabajos!
    Un abrazo fraterno desde Chile.
    http://www.periodistachilena.es.tl

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