El Sueño.

Ilustración del Libro de Job, acuarela por William Blake (June 1805)

escrito por Ariel Romero (Febrero, 6, 2010)

Mefistófeles se recostó a la ventana y miró hacia la Tierra:

_ Un sueño, El Sueño. – Se dijo a sí mismo en voz alta, aunque solo él podía oirse.

Hasta él mismo se asombró de la sencillez de la idea, de lo bien que encajaba con las pasiones y las razones humanas. ……….Y repartió las cartas, porque Dios se había apropiado de los dados.

Los hombres empezaron a soñar. Al principio, tímidamente, aparecieron imágenes y conceptos borrosos que no decían nada; después los sueños fueron en blanco y negro para poco a poco ir cambiando y pasar de las tonalidades del gris a los colores del arcoiris.

No fue un fantasma, fue un murmullo lo que se oyó en la Tierra cuando unos y otros empezaron a compartir El Sueño, y al poco tiempo, decidieron hacerlo realidad. La Torre de Babel fue un desastre e hizo que los hombres postergaran el proyecto, pero nunca abandonaron la idea. Al final decidieron que si no los dejaban llegar al cielo entonces iban a traer el cielo a la Tierra. En su arrogancia, la humanidad no comprendió que en vez de construir el cielo, iban a construir el infierno sobre la Tierra. Los sueños para que continúen siendo sueños, tienen que ser inalcanzables; al menos en vida.

El Diablo, en ese momento, dejó de tamborilear sus dedos en la mesa del comedor y dirigió su atención hacia la Biblia que tenía delante de él, abierta en el Libro de Lucas, en el capítulo 18. No tenía poder para borrar o adicionar nada, pero si una vez en cada humanidad, podía atraer la atención de los hombres sobre un versículo. Extendió el dedo meñique y con su uña tocó el versículo 25. Se regocijó, pensando que la Palabra del Hijo del Hombre lo estaba ayudando.

Ya solo le quedaba empezar a recolectar almas, y las recolectaba con avaricia diabólica. Algunos entregaban el alma para tener poder y riquezas, las mismas cosas que en voz alta rechazaban y criticaban.  Para poder engañar, asesinar y torturar, con la justificación de hacer realidad El Sueño, sueño en el que nunca creyeron y solo lo vieron como pedestal. Esas almas no lo complacían, siempre habían sido de él.

Las almas que le complacían eran las de aquellos que si creían. Aquellos, que inocentemente, cambiaron a Dios por El Sueño, su sueño. Los que sin El Sueño hubieran tenido una vida recta y justa, pero ahora viraban la cara hacia otro lado, cuando veían que se estaba cometiendo una injusticia en nombre de El Sueño. Gozaba cuando veía a los mismos padres corromper las almas de sus hijos en nombre del Sueño y no se daban cuenta que lo que hacían era preparar las almas de esos inocentes para que él las recolectara. Disfrutaba a los que El Sueño se les había convertido en una pesadilla y lloraban en la noche, impotentes de hacer algo. Veía, con placer, como la voluntad de los hombres se quebraba y El Sueño iba dejando de ser un fin para convertirse en una justificación, justificación para engordar su colección de almas.

Su idea, concebida hacía una eternidad atrás para los hombres y un instante para él, estaba dando unos resultados que superaban sus expectativas, y eso que él era el Diablo. Guerras, muchas guerras, y del tipo que le gustaba: guerras sucias y frías, donde ambos bandos tenían que romper las reglas, no solo las de los hombres, sino también las reglas de Dios. No pasaba un día sobre la Tierra en que no se incumplieran los 10 mandamientos y se violaran las enseñanzas de aquel loco que lo había desafiado y vencido en el desierto y en la cima del mundo.

Por suerte, para los hombres, la idea de Mefistófeles lleva adentro el germen de su propia destrucción. Mefistófeles sabe que puede gozar momentos de triunfos pero no la victoria. Él, mejor que todos, conoce la ambivalencia de la condición humana, donde lo mejor de los hombres, a veces, es su peor enemigo y lo peor es, a veces, su mejor aliado.

Se olvidó de la humanidad por un tiempo, una eternidad para los hombres, un instante para él. Hasta que una mañana se volvió a recostar a la ventana y miró hacia la Tierra, de nuevo.

5 comentarios

  1. Ariel, he leido otra vez El Sueño y no dejo de asombrarme de cómo el diablo puede tentarnos, no se si abrir el versículo 25 en Lucas 18, dime tu.

  2. Increible..me ha encantado..es tan real,tan humano,tan lleno de todo eso que todos llevamos dentro, de eso que en algun momento hemos hecho,estamos haciendo o pensamos hacer…es muy facil ceder a las tentaciones por conquistar un sueno,pero y despues?… cierto,ya el sueno habra desaparecido y vivir sin suenos..es como no vivir.

  3. Mayrita:
    creo adivinar algo de lo que piensas y tienes mucha razón, pero el ser humano está lleno de sueños por realizar y no es malo que los realice, eso no termina con los sueños, sino que la realidad y las experiencias inducen a otros, muchos otros sueños, que también deseamos realizar, el diablo nos dice en un oido tentaciones, en el otro el ángel nos pide mesura, tentaciones y mesuras que se complementan, si las realizamos nos pueden llevar a otras, si no, también. Si las realizamos el sueño habrá desaparecido, pero vendrán otros, acaso más tentadores….

    • Tienes mucha razon, el meollo de esto creo esta’ ,en el equilibrio que le demos ,o al menos intentemos darle a las tentaciones y a la mesura..pero es tan dificil poder tomar siempre la decision mas justa y correcta…despues que lo hagamos,puede que bien o puede que mal,tenemos otra disyuntiva:seguir sonando para llegar a escalar etapas superiores de nuestros anhelos; o conformarnos con haber alcanzado o no algo que un dia nos inquieto’,de continuar sonando la vida seguiria siendo muy atractiva y emocionante,.de no hacerlo seria como vivir sin emociones y retos.algo asi como no vivir.

  4. Gilberto: Habre la Biblia donde mejor te plazca, no me pidas milagros, allá tú.

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