El Sapo y los Gemelos del Infierno

by  Gilberto Gutierrez/ November, 2010

ilustración  por GARRINCHA, ( especial para elbalserosuicida )

Tony nunca supo cómo se llamaba aquel portero. Era uno de esos porteros de la España posterior a Franco y que abundaban en todos los edificios con pisos de residentes de clase media en todo Madrid. El padre de Tony era médico militar de la Base de la Fuerza Aérea Norteamericana  en Torrejón y él, como todos los jóvenes de 16 años de la época,  se las pasaba de pendenciero, una vez que terminaba las clases en el colegio de la base. Le gustaba ir de correrías por las calles de Madrid y pelearse de vez en vez con otros chicos, aunque ya no tan seguido como cuando tenía trece o catorce años. En ese entonces, en el colegio de San Juan, en Puerto Rico, donde su padre había estado destacado con anterioridad, el cura o el director   habían llamado al  doctor  y le habían dado las quejas “que el chico se fajaba todos los santos días, y que ya la situación era insoportable”, la solución para no expulsarlo, ” pues hombre, no se podían dar el lujo de perder una matrícula pagada”, fue que se fajaran después de las clases y en el parque frente a la escuela, pero en predios ajenos al centro educacional. Desde media cuadra, donde  tenía su casa, la madre podía ver cómo le entraban a piñazos a su hijo, y como este revolcaba y golpeaba a sus contrincantes, hasta que ambos salían magullados y heridos, y casi siempre a uno de ellos debían recogerlo en camilla. También el doctor, de vez en vez, iba a ver las peleas de su propio hijo y nunca la esposa se enteró que algún dinero ganó apostando, unas veces a su propio hijo y otras al retador, cuando lo veía más fuerte y grande que a su vástago,

Pero volvamos a Madrid, Tony, ya en sus 16, y en una época en que no habían computadoras ni juegos electrónicos, tenía que quemar sus energías de muchas formas y una de ellas era recoger a su socio  Danny  y salir, literalmente a joder por las calles madrileñas. Otras veces se las pasaba, horas enteras,  en el piso del Danny  leyendo,  conversando o  ¿viendo televisión?

Pero claro, para entrar al edificio y subir al piso de Danny, debía pasar primero por las manos del portero.

Era este uno de esos españoles, mezcla de no se sabe qué, si gallego con andalúz, madrileño con asturiano o catalán con vazco, el asunto es que para todos los otros, que no entendemos las diferencias de las nacionalidades ibéricas se nos antojan solo como españoles, aunque alguna vez nos dijeron que había dos Españas, y que se debían cuidar una de la otra, cosa que nunca llegamos a entender.

En la España de aquellos años, en pleno destape, todavía se seguían costumbres de antaño y un portero  era un personaje importante, toda vez que tenía en su poder la llave de cualquier entrada. Todavía hoy,  un portero  es como el cocinero, mejor tenerlo de amigo y nunca de enemigo.

Pero Tony no podía saber esto a su juventud. A pesar de todo lo aprendería y de una forma inesperada.

Siempre nos preguntamos ¿cuál es la causa que unas veces le caemos bien a unos y a otros no? Quizás nunca llegaremos a saberlo.

Pues bien, en esa época Tony llevaba casi siempre,  la cruz de unos aparatos o piezas de ortodoncia para enderezar su dentadura, que su dentista le había recomendado al padre  quien, doctor al fin, obligaba al muchacho a llevarlos sujetados por un arnés  de tela y un frenillo de alambre, que pasaba de oreja a oreja por alrededor de su cabeza y desde la frente a la nuca, dándole la aparencia de un astronauta, aunque otros chicos lo miraban con recelo y hasta asustados. Hoy son muy comunes estas prótesis, sin el arreo o frenillo,  pero en aquellos años de mediados de los setentas ese tipo de casco era casi obligatorio.

No muchas personas lo entendían y la gente común no eran muy dados a preguntar, con lo que la ignorancia se extendía directamente proporcional a la burla y la chanza de todo el mundo, desde los niños hasta las viejas circunspectas que lo miraban por encima de los lentes, todo eso en el mejor de los casos, pues lo que si no soportaba Tony es que lo miraran con lástima, que denotaba no ya una maledicencia humana, sino una ignorancia supina.

Cada vez que álguien lo miraba extraño Tony se ponía en guardia.

Fue así que una tarde, al salir de la escuela, Tony se dirigió a casa de Danny, y al llegar a la puerta del edificio de 4 pisos le salió a su paso el portero. No sabemos si momentos antes el dueño lo había puesto como un zapato viejo, o si ya en su mente primitiva o rencorosa tenía alguna animadversion contra el muchacho, tal vez los juegos y la algarabía de los amigos al bajar y subir las escaleras lo habían puesto en guardia. El caso es que le espetó en mala forma al adolescente:

-Usted no puede entrar aquí.

Tony se quedó petrificado. No podia entender lo que decía el pequeño , calvo y regordete hombrecillo.

-¿Qué ustede dice?, Yo solo voy a subir a ver a Danny.

-!Qué  te devuelvas a tu camino, rufián!, Se lo voy a decir a tus padres!

La cara de sapo que puso aquel portero acompañaría a Tony de por vida. La impotencia que sintió al no comprender por qué le negaba la entrada fue  de padre y muy señor mío.

-Mira Viejo yo subo o subo y tu no me lo vas a impedir- y diciendo esto fue a coger un par de piedras para espantárselas al portero que aterrado se volvió y cerró la puerta tras de si.

Tony, golpeó la puerta repetidas ocasiones, insultando al Viejo y diciéndole que le iba a partir la cara. Pero la puerta permanecía cerrada y en silencio.

Se cansó de gritar y llamar, hasta que le sonó los dos cambolos contra la puerta al animal aquel.

Se dió media vuelta y se marchó frustrado.

La misma situación se repetiría, entonces por dos días. Tony se asomaba al vecindario y cuando el portero lo veía le gritaba desde lejos.

-Truhán, no te acerques al edificio.

Y Tony le gritaba:

-Te voy a partir la cabeza Viejo de mierda, Sapo infeliz, si no me abres te voy a llenar de pedradas, estúpido, bruto, alcornoque, saaapo …

Todas aquellas peleas eran vistas con aprehensión, miedo y desaprobación por algunos vecinos, que cuando el muchacho se viraba a mirarlos se volvían temerosos y seguían su camino como si no pasara nada.

Al cuarto día sin poder ver a su amigo y sin poder  llamarlo, toda vez que los teléfonos celulares aún no existían y Danny tampoco tenía ninguno de pared en su casa, después de mucho pensarlo, al muchacho se le ocurrió una idea salvadora.

Salió esa tarde de su casa y se dirigió al piso de edificio del Sapo y de su amigo Danny. Una cuadra antes de llegar se asomó desde la esquina y pudo ver al portero que dormitaba la siesta sentado en una mecedora junto a la puerta. Se sacó el arnés y los frenillos de la boca, los metió en uno de los bolsillos de su pantalón  y se dispuso a caminar de forma diferente hasta el portero. Al llegar lo saludó correctamente, despertándolo de su modorra:

-Buenas tardes Señor…- dijo Tony tocándolo por el hombro.

El brinco que dió aquel portero  fue como de un metro de alto. Casi se cae de la mecedora y aterrado, a punto de salir corriendo a la puerta le gritó:

-Te he dicho que no vengas más por acá, sinvergüenza…

-Pero, ¿ qué ocurre Maese Portero?

-¿Cómo que qué ocurre, hijo de su madre? Ha estado usted cogiéndome para la chanza toda la santa semana, me ha insultado usted, y me ha cagado a pedradas y ahora me pregunta qué ha ocurrido? ¿Será desvergonzado?, si no se marcha ahora mismo llamo a la milicia.

– ¡Ohhh, Señor!, Ya entiendo que ha pasado…- Manifestó Tony poniendo cara de asombro, duda y hasta sorpresa.

– Lamento mucho que usted se haya confundido, pero puedo explicarle, se trata de mi hermano…

-¿Qué hermano ni que ocho cuartos es esto?, ¿me está usted haciendo burlas?

-No, para nada señor, le aseguro que es la total verdad, usted está hablando de mi hermano, somos gemelos sabe?, ¿El no tiene unos aparatos en la cabeza y la boca?

-Pues si, que los tiene y se le parece mucho a usted.- dijo el portero, callendo totalmente en la tramposa mentira que le tendió Tony.

-Si, él está mal, usted sabe, está medio loco-, dijo Tony poniendo cara de pesadumbre y lástima por la condición de su hermano.

-Pues mire que no está muy loco, y lo que es un cacho de sinvergüenza, que me ha tirado hasta piedras y me ha gritado que me va a partir la cara, a un viejo como yo…

– Y no dude que lo haga, mi hermano está bien loco, y ya mis padres no saben que hacer con él, hasta han pensado internarlo en un sanatorio.

-¿De veraz que está desquiciado?-, expresó esta vez el portero, poniendo cara de susto y haciendo a Tony apretar los dientes para no sonarle la carcajada en la cara.

– Pues si, muy mal, muy mal-, y cambiando al momento le espetó al pobre hombre: – ¿Usted sería tan amable de pasarme a ver a mi amigo Danny?

-Por supuesto jovencito, no faltaba más- y habriendo la portezuela, dejó pasar al muchacho.

Una vez adentro tuvo que taparse la boca con ambas manos, para no arrastrarse de la risa, mientras subía las escaleras  alborozado y brincando los peldaños de tres en tres. Cuando Danny le abrió la portezuela del piso, se tiró en las baldozas aguantándose la barriga, con un ataque de risa que le sacaba hasta las lágrimas. Danny se contagió adivinando alguna travesura, pues ya sabía de las andanzas de Tony con el portero. Ávido por saber cómo había logrado entrar le preguntaba una y otra vez qué había pasado. Pero Tony no podía decir una palabra eran risas y risas, esternillado, y llorando con un dolor en las tripas que lo dejaba sin aire.

-El Sapp…, El Sapp..-, decía una y otra vez sin terminar la palabra y riendo a carcajada batiente. Cuando logró controlar la risa, le dijo entre sollozos a su socio del alma, -Danny…, Danny, el Sapo se lo creyó, qué estúpido es y está cagado del miedo con mi hermano, El Sapo es un miedoso-…decía y se volvía a arrastrar de la risa, esta vez acompañado por el Danny que no podía creer la ocurrencia de Tony.

Esa tarde decidió marcharse a urtadillas para no tropezarse con el portero otra vez, pues se imaginaba, sin temor a equivocarse, que la carcajada y la risotada se la podría espantar al pobre hombre en su misma cara sin poder aguantarla, y sería, quizás,  la última vez que entraría al piso de Danny.

Lo mejor de todo estaría por venir, la jodedera y la chanza que Tony le armó a aquel ocambo en lo adelante, solo los Dioses griegos podrían perdonarla. Unos días se aparecía con sus prótesis y se armaba la de San Quintín, los insultos entre ambos podían durar unos 20 minutos, que casi siempren terminaban con el portero parapetándose detrás del portón del edificio ante un diluvio de piedras y cantos recogidos de la calle y lanzados certeramente por el pendenciero muchacho y al final de todo,  Tony corriendo despavorido cuando escuchaba el sonido del silbato de la milicia, alertada por álguien y  dispuesta a terciar en la disputa callejera, pero a distancia suficiente para no recibir ningún cambolo.

Otros apacibles días y dependiendo del ánimo y el cansancio de Tony, el chamaco se aparecía sin su casco celestial y se hacía pasar por el gemelo bueno, llegando a ser incluso confidente del portero que le contaba chismes de los vecinos y sus frustraciones y peleas con el gemelo malo, pedía la mediación del bueno, pero terminaba desalentado cuando Tony le contaba que no había quién controlara al hermano y que:

-Está cada día peor, hace dos días se embroncó en la escuela y casi estrangula a un condiscípulo, por poco lo mata si no se lo quitamos a tiempo….- exclamaba apesadumbrado en voz baja recalcando que: – Mis padres piensan que en algún momento tendrán que internarlo en el sanatorio….

El portero lo escuchaba aterrado y con los ojos desorbitados, imaginando que algo peor podría pasarle a él si se descuidaba del gemelo infernal. Tony en su interior se carcajeaba día a día y en el próximo encuentro arreciaba sus amenazas y groseros epítetos para el trajinado portero que casi lloraba con cada encuentro indeseado.

Pero todo en la vida tiene un final y llegó el momento en que el padre de Tony sería enviado en la subsiguiente misión a una de las Bases Militares norteamericanas en Alemania. Fue así que llegó el momento de despedirse una vez más de los amigos, de las novias ocasionales y de su peor enemigo, aquel Sapo impredecible que le había hecho la vida en Torrejón amarga y feliz y que no se imaginaba en su inocente ignorancia que todo aquello no era más que una jugarreta provocada por su propia actitud y simpleza.

Un día antes de partir a Frankfurt/Rhein-Main Airfield, la base aérea en Alemania,  Tony tomó su prótesis correctiva, se las metió en uno de los bolsillos del pantalón y se encaminó al edificio de Danny, que previo aviso esperaba asomado en el balcón de su piso sin poder ver la calva de El Sapo, que en último año había visto sus pocos pelos encanecer cada vez más y que trataba de tapar con una boina verde de cuadritos que también se había desteñido ante los insultos del pícaro malechor.

Tony se acercó como a las diez de la mañana al portón donde el portero, aquel regordete hombrecillo con cara de sapo, estaba a punto de comenzar a dormitar en la desvencijada mecedora que sacaba todas las mañanas a la acera. El Sapo lo vió venir sin los aparatos y amablemente lo saludó, abriéndole la portezuela del edifio antes que llegara:

-Buen día caballerito, ¿cómo está usted hoy?

-Increiblemente bien, Y usted: ¿ Se encuentra bien Sapo de su madre?

El portero se quedó petrificado.

-¿Qué pasa viejo, te quedaste mudo? ¿Te comieron la lengua las pestilentes ratas del caño del retrete de tu miserable casa?

El portero se había tragado la lengua y no salía de su asombro. Mientras Tony, seguido desde arriba por su amigo del alma que ya se reía a moco suelto, sacá los correctores dentales del bolsillo y se los puso hábilmente, transformándose  al instante en el gemelo infernal:

-Viste Sapo estúpido, eres un animal, alcornoque y bruto, burro de Andalucía, siempre fuí yo Sapo, te cogí para las cosas y de imbécil te lo creiste todo el tiempo, energúmeno, eres un Gilipollas !, Joder !, deberías ir a tomar por culo !, Me cago en diola ! y Me cago en la ostia !, Cabrón !, –

Aunque el portero balbuceaba y resoplaba de la indignación el maldito Tony continuaba:

– Eres un redomado Tonto de los cojones, Mamón y Subnormal regordete, te cogi miles de veces, Cabroncete y Capullo , joder tío……

Todos estos insultos ante la mirada y las risas de Danny desde el balcón, risas de ambos que se iban convirtiendo cada vez más en incontrolables, y audibles por varios vecinos que también se reían ya del portero, animados tal vez por los malos ratos que este les hizo pasar alguna vez y que resultaban ahora vengados por el enfant terrible. El Sapo solo atinó a coger un garrote que para casos especiales de defensa recostaba tras la puerta y comenzó a perseguir a Tony, que jóven y veloz, corría en círculos por la calle, riéndose de lo lindo y gritando constantemente:

– Gilipollas, necio de carajete -, y un sin fin de insultos que terminaron por hacer parar al portero en su persecución y sentarse en la mecedora, lloroso y aterrado, Tony salió corriendo, saludando por última vez a su amigo Danny y gritando desde lo lejos:

– Nos vemos Sapo Cabroncete, marika, que te folle un pez y te tiren en verdad  los gachupines, sois pero si bien pendejo….

Todavía hoy, después de más de 30 años, Tony se arrastra de la risa cuando recuerda aquellos tiempos y su encuentro con el Sapo, sin imaginar que allá arriba, el portero lo espera, en la puerta del cielo, para no dejarlo entrar, solo que ya Tony no tiene arneses ni frenillo en su boca y conoce ofensas y palabrotas en más de tres idiomas.

Historia real de Tony Santi, escrita por Gilberto Gutierrez/ November 2010. 

__________________________________________________________________________

Queremos agradecer al maestro  GARRINCHA, por su amable contribucción a esta página, si desea ver otras de sus creaciones puede hacer click en estas líneas

Anuncios

Una respuesta

  1. […] El Sapo y los Gemelos del Infierno […]

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: