“Salida definitiva” de Ezequiel Pérez Martín


Habían pasado cinco semanas del arribo de Ernesto y su familia a Pekín.

Nuevamente era domingo. Sol tenue en la ciudad. El invierno se hacía sentir en la naciente mañana. Miles de visitantes del enorme e impresionante Templo del Cielo se dedicaban a numerosas actividades recreativas. Era el sitio sagrado al cual los antiguos emperadores chinos acudían a rogar a los dioses por buenas cosechas y a ofrecer sus tributos. Ambiente de fiestas por doquier, presididas por la historia, que parecía tener vida propia en los altos murallones, los tejados rojizos y las amplias plazoletas y pasillos.

Por uno de ellos caminaban Ricardo y Ernesto al mediodía. Se desplazaban lentamente, disfrutando del paisaje. Mejor dicho, como si disfrutaran del paisaje. Se habían adelantado un poco —lo suficiente— a varios estudiantes cubanos que cursaban diferentes carreras en China y habían acompañado a Ricardo al histórico lugar.

Para seguir leyendo.

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Una respuesta

  1. sinceramente..se me llena el alma de vida al ver estas lineas de MI AMIGO EZEQUIEL ..al verlo tantas tardes tipear en la pc y acomdodar una y potra ez ese libro… gracias por darme estos recuerdos

    carlos espinosa – mendoza argentina

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