Ovejas negras de aquí y de allá.


escrito por Ariel Romero

Balseros, los descarriados del rebaño.

Para entender a los balseros habría que entender a la generación de cubanos de la cual forman parte. La generación de los balseros es la misma generación de todos los dirigentes jóvenes, y no tan jóvenes, del gobierno cubano, como los Robainas y los Felipitos, es la misma generación del negro Biset y Antúnez. Es la generación, que quiéranlo o no, va a reemplazar a los dinosaurios de la nomenclatura cubana de una forma u otra.

Son hijos de padres que, en su mayoría, estaban integrados a la revolución cubana. Algunos de corazón y otros porque era la única vía visible para que sus hijos no sufrieran serios problemas en su educación y su vida. Es una generación, que la historia de Cuba que conocen, es la que oficializó el gobierno cubano. Gran parte de ellos estudió en los países del extinto campo socialista y muchos obstentan títulos universitarios por la facílidades que brindaba el gobierno cubano para cursar estudios superiores donde la única restricción era ser “revolucionario”. Recibieron tantas clases de marxismo que muchos de ellos, en ese campo, pueden hacer sentir como estudiante de primer año de universidad a un especialista en marxismo de Harvard.

Fueron la carne de cañón en Africa y cumplieron “misiones internacionalistas” tanto militares como civiles. Sufrieron, como ninguna otra de las generaciones de cubanos, los mazasos inmisericordiosos del lavado de cerebro ideológico del comunismo.

No obstante, todo esto, en el año 94, en un período de pocas semanas, más de 30 000 balseros se lanzaron al mar en cualquier objeto flotante para huir de Cuba.

La formación del balsero tiene que ver mucho con la lucha generacional, así como los Hippies en EEUU son los hijos de los que dieron todo por su país en la Segunda Guerra Mundial, esta generación de cubanos tomó una actitud de indiferencia y acomodamiento hacia las políticas de la revolución. Su baile al son que le pusiera Fidel Castro estaba dado, más, por una actitud facilista, que por una actitud militante. Era su forma de defenderse y sobrevivir.

Todo hubiera seguido, aproximadamente, de esta forma si no hubiera ocurrido la Perestroika en la Unión Soviética y su hija la Glasnot.

Primero tímidamente y después en un torrente comenzaron a llegar, a Cuba desde la Unión Soviética, artículos que no dejaban de criticar la más mínima piedra en la construcción del socialismo en la Unión Soviética, en las mismas revistas y periódicos que antes solo daban loas al sistema soviético. Películas y documentales empezaron a llegar con críticas encarnizadas a todas las cosas que poco tiempo antes eran intocables. Para esta generación de cubanos fue como maná caido del cielo, al fin pensaban que se iba a hacer justicia a su forma de pensar y que los cambios en la sociedad cubana estaban al doblar de la esquina. Cambios, permítanme aclarar, dentro de una sociedad socialista. Cambios que lograran con mayor libertad de expresión y económica, reformas que mejoraran el socialismo, en el cual aún creían.

Era imposible imaginarse que los cambios en la Unión Soviética no iban a ser seguido por el gobierno en la Habana. Desde el nacimiento de esta generación lo único que habían visto era a la Unión Soviética como el ideal de sociedad al que se debería llegar y ahora no veían otro camino que seguir los pasos soviéticos como había sido siempre. Lo único que esta vez el camino soviético era más acorde al ritmo de esta generación y se esperaba con expectativa el momento que el gobierno cubano abrazara los cambios.

¡Qué equivocados estaban! La respuesta de Fidel fue descarnada y demoledora, prohibición total de todo lo que oliera a perestroika, y represión total a todo aquel que defendiera cambios que “minaran los logros revolucionarios” . Inmediatamente empezaron las purgas en los centros de trabajo y estudios y muchos pobres tontos que pensaban que sus opiniones ayudarían a perfeccionar el socialismo en Cuba fueron sacados de sus puestos de trabajo y estudio y condenados al ostracismo.

El desánimo invadió una vez más la sociedad cubana y cuando se pensaba que iban a ver cambios que aflojaran un poco las riendas con las que habían vivido, encuentran que estas riendas se tensan más y los dirigen hacia un futuro de mucha más intransigencia política.

Para rematar, cae la Unión Sovietica y con ella la subvensión de la economía cubana por parte de los soviéticos lo que conyevó a la carestía más aguda que haya sufrido Cuba en toda su historia.

El caldo tenía todos los ingredientes necesarios para producir el éxodo masivo del 94. Si el Mariel marcó el final de la luna de miel entre el pueblo y la revolución, después de los balseros dejaron de hacer el sexo y solo queda un matrimonio de conveniencia.

Los balseros son, de los exiliados cubanos, los que más trabajo han pasado para integrarse a la sociedad americana. Un desconocimiento total de las reglas de las sociedades occidentales y sus únicas referencias les habían llegado por visitas de cubanos del exílio a Cuba que le dibujaban la vida en EEUU de una forma poco realista, de ahí, muchas veces, su desaliento al llegar aquí.

Un vacío ideológico en su forma de pensar , un exceptisismo y desconfianza a todo lo que huela a comprometerse con alguna causa política. De ahí sus choques con el viejo exílio al oír un discurso, que salvando las distancia, se parece mucho al que oían en Cuba.

Toda una vida de penalidades económicas lo hacen poner todo su empeño en lograr solvencia económica lo más rápido posible y un deseo frenético de demostrar a sus familiares y amigos en Cuba (y sobre todo a si mismo) que su decisión de emigrar fue la correcta y lo tratan de hacer ver, regresando a Cuba cada vez que pueden y enviando remesas familiares.

Sus lazos con lo que hay en Cuba son más fuertes que los otros segmentos de emigrantes cubanos. Vivieron y se criaron en aquello por lo que la realidad cubana de hoy no les asusta y le es mucho más cercana que a cualquier otro exiliado cubano de otra época.

La generación engañada por todos, padres, revolución y exílio y que sus respuestas se las tuvieron que buscar y las siguen buscando ellos mismos. Les es fácil en ciertos momentos asentir con la cabeza aunque piensen lo contrario y hacer observaciones que desesperan a los abanderados del exílio.

Así que cuando a la pregunta de que si todos se siguen iendo de Cuba nadie se va a quedar para tumbar a Fidel y oigas la respuesta: Que lo tumbe quien lo puso. Acuerdate de este artículo y perdónalo, es un balsero. 

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