Lázaro, René o Simpsom?, o La última Bocanada de un Fumador Impenitente.
Simpson, Lázaro, René, era ante todo un fumador empedernido, nato. Y esto es algo que se debe entender. Desde épocas immemoriales el hombre fuma.
Ya los tainos cubanos inhalaban aquellos cohibas en forma de Y por las fosas nasales y Lázaro Simpson heredó esa costumbre ancestral y les fue fiel hasta la muerte. Hablando con propiedad, así como muchos renegados demandaron a las tabacaleras por el daño que el tabaco ha producido, nosotros debíamos demandarles a su vez que le hagan un monumento a Simpsom, como ejemplo de un fiel fumador.
Hace unos dos años un infarto le puso al borde del abismo y al regresar de su convalescencia logró retomar el cigarro de nuevo y muy pronto.
Algunos pensamos que siguiendo una tradición bien cubana René buscaba el suicidio como medio de salvación eterna, pocos sabíamos que en las noches, después de teminar el noticiero a las 11:30 pm, y al regresar a su casa podía disfrutar de un banano de fruta cubierto en leche condensada o un buen flan ahogado en helado y después de dos o tres cigarros irse a la cama, para despertar en medio de la noche una o dos veces y encender uno o dos cigarros, como somníferos reparadores del sueño.
Aunque también tenía diabetes, René olímpicamente se arrastraba de la risa con ello. Comía como vestía: formidablemente bien. Y este Lázaro, que era uno de los René que Teuteló no conocía, se complacía así mismo en la comida, en la bebida y en el vestir, que si lo traducimos a los pecados capitales podríamos decir que Simpson pecaba a manos llenas de pocos de ellos como la gula y la pereza que los convirtió en virtudes junto al tercero que muchos desean, pero pocos pueden alcanzar: la Lujuria.
Por todo ello Lázaro era también en grado superlativo lo que podemos llamar un HABITANTE.
El supo HABITAR, VIVIR, GOZAR de la vida y sus placeres. Simpson parqueaba donde le venía en ganas y sabía dónde nunca le remolcarían el auto, y si Enrique tiene razón, de que hubo alguna piñata que no llegó, fue solo la de un Lexus que tenía, entre ceja y ceja, el empeño de comprar. Hoy me arrepiento de haberle dicho una y otra vez que no lo hiciera, pero me consuelo pensando que René aunque oía todos los consejos de sus amigos hacía siempre lo que le venía en ganas .
En Cuba en sus años mozos, que no fueron pocos, Lázaro René tuvo novias y amigas multiplicadas por cada uno de sus nombres conocidos y los otros que utilizó como alias, que tampoco Teuteló podría imaginar. Cuando todos admirábamos a una bella mujer el podía decir con toda propiedad que se parecía a Rosa o a Felicia o a Cristina, a cualquiera de las incontables novias de Cuba “…cuando estábamos filmando , tal cosa, allá en Santiago, o en Camagüey, o en La Habana…” René fue director de Televisión en Cuba, después de camarógrafo y otras cosas, pero todos coinciden que nunca fue chivato.
El HABITó en Cuba así como en Miami, el sabía donde estaban más baratos los cigarros y los repartía a manos llenas a todos los picadores que le revoloteábamos alrededor.
Simpson tenía miles de amigos y todos al igual que Enrique Teuteló, lo conocían solo por uno de sus nombres, con lo que ahora cuando Facho pedía que cooperaran para ayudar a la familia de Simpson, preguntaban quién era, y no podían creer que también René, Lázaro y los otros partieron junto a él .
A pesar de ser un HABITANTE Simpson era un hombre trabajador y muy serio en su trabajo.
Tuvo más de un trabajo a la vez e incluso hasta tres y ahora me pregunto si lo lograba dividiéndose en tres como sus tres nombres. No parecía tener 58 años pero al final se le veía cansado
Yo también lamento no haber sido más amigo, no haber estado más en su casa, no haberlo acompañado a aquel Go-Go que tantas veces pospusimos y al cual no podré ir nunca sin él.
Ellery y yo estuvimos en el Hospital el segundo día de su segundo infarto. Según los médicos y familiares no se le debía hablar para que no se emocionara, pero yo temía que el necesitara una mano en el hombro y un aliento en su soledad inducida.
Le hablamos y pasó de la tranquilidad a mover las manos y a tratar de comunicarnos algo. Le acaricamos los hombros y las manos y le dijimos que se calmara, que no se moviera y que fuera fuerte, que todos sus compañeros y amigos estábamos esperando por su regreso. Con los ojos cerrados movió la cabeza, asintiendo como único podía, pues los sedantes y los tubos en su tráquea le impedirían hablar. Tosió más de una vez y cuando le dijimos que se calmara lo hizo moviendo los brazos. Nos despedimos explicándole que habíamos salido de la Estación para verlo y que debíamos regresar para el noticiero de las once, antes de irme le dije: “Bueno Simpson, ten paciencia y recupérate, que te espero para tomarnos otro cafecito”. A pesar de los tubos asintió y se sonrío, asintió más de una vez y en la sonrisa adiviné un “…cabrón, sin mi no fumas más, te voy a poner de “dependent” cuando salga de aquí…”
Le dijimos Adios y casi llorando salimos de allí.
Teníamos la esperanza de que se recuperaría y así parecía que estaba ocurriendo.
Yo tengo la impresión que cuando días después le retiraron los tubos el no quería regresar.
Muchas tardes y noches, después de un café, con un buen cigarro entre los labios Lázaro Simpson confesó que haría esto o aquello, “…bueno, si llego a Diciembre…”
El vivía día a día y no planificaba mucho.
Comió opíparamente en no sé cuántos restaurantes, algunos aconsejados, ya sabemos por Enrique, y otros que el mismo descubriría en sus correrías por Miami.
No debemos lamentarnos que fumara demasiado. Las tabacaleras no lo mataron, el fue su mejor cliente y por si esto fuera poco, Lázaro René Simpson fue también uno de sus demandantes. Si, aunque no lo crea, Simpson tuvo la osadía, como buen HABITANTE, de apuntarse en la demanda contra las tabacaleras, por haberle obstruido las venas con tanta nicotina y alquitrán y ganó su demanda y fue recompensado no con uno, sino con dos cheques, los cuales cambió diligentemente y los utilizó para comprar más cigarillos para él y para nosostros, sus amigos picadores.
Dicen que René partió después de haber comido una gelatina en el Hospital, cuando todos pensabamos que se iba a recuperar.
Yo sé que después de la gelatina, que le cayó sabrosamente bien, Lázaro, René y Simpson sacaron, cada uno, un cigarillo de abajo de la manga y se lo fumaron a escondidas hasta la muerte.
Y saben qué?, aún estoy llorando por no haberle brindado una última taza de café cubano y haberle tumbado un último cigarro y fumármelo a su lado.
Descansa en Paz amigo y más temprano que tarde compartíremos otro, juntos, allá arriba o allá abajo.

Es duro, pero hay que dejar esa m…….
Ivan
Si Iván, gracias por tus palabras…….. ¿Cómo?…¿Quién me llama??…..Eh?… dime Alex…..
¿A la Cafetería??….¿Están colando???…Oye Robert…..¿tú tienes una balita pa’mi??…Coño, bárbaro.. Vamo’pa’llá…sardiñas……
¿Siete meses? Increible… cuando salgo a fumar al patio de la cafeteria, todavia me parece que voy a encontrármelo. Me gustaba hablar con él, y lo hacía frecuentemente… con Lázaro; por ese nombre lo conocía.
Chino:
el tiempo pasa y nos vamos poniendo viejos….unos pasan y otros quedan, para siempre. Aquello de: “Ya nadie se acuerda de él”, no “aplica para LRS.
Saludos