LOS ÁNGELES
(Para Fernandito, el hijo de Gilberto)
Adonis Led by Cupids to Venus.
Paint by Francesco Albani. circa 1600.
Museo del Louvre, París.
Los ángeles. Son los ángeles realmente quienes enloquecen. No puede perder la cabeza aquel que no la tiene.
Los ángeles son dueños del talento y, por lo mismo, quienes lo desperdician.
Un día, los ángeles se echaron al mar, llenando de polvo dorado la superficie –que nunca más fue azúl-. Los ángeles doraron o enrojecieron las aguas, con su sangre devorada por las fieras del fondo.
La fiera enfurecida, forcidas, madre Olokun comiéndose a sus hijos.
La marea encabritada, la ola gigantesca, envolvió las cabellera rubias de los ángeles, enlazó los brazos alados de los ángeles, enronqueció las voces angelicales de los ángeles.
Fueron los ángeles los que enloquecieron. ¿Cómo podía ser de otra manera? Si estaban exaltados de magias, si estaban llenos de sueños, si estaban colmados de deseos por realizar, si estaban repletos de perfume, cargados de suspiros, anhelos, esperanzas.
Los ángeles enloquecieron y cambiaron el cielo por las aguas.
Cualquier cosa, cualquier cosa menos sobrevivir en tierra, un angel no se puede enfangar.
Ignacio Simón
Agosto 19 de 1994
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Sobre los Ángeles
Angel de la Guarda / by Pietro Cortona circa 1656.
Si no tienen alitas, no son ángeles. No hay ángeles sin nimbo, sin vuelo, sin perfume. Ángeles del bien o del mal, de la Anunciación, o del juicio Final. El ángel de la guarda, el del destierro, aquel ángel caido por el mal en el infierno. El angelito de la dulce postal de la primera communión, el otro que guarda a los niños recogiendo flores al borde del precipicio.
Los angelotes del cuadro de la durmiente en la barcarola sobre las aguas como espejos donde flotan las rosas. Los ángeles rosados del bajorelieve art’nouveau, sobre el capitel de la cama, en los techos enyesados, en la lámpara de noche a puro bronce, rodeados de encajes, de Cintas de reso, de olor a vetiver, a saché de Viejo, olor a Viejo, a sándalo olvidado.
El ángel mutilado sobre el mártir yascente con su lanza quebrada sobre el dragón.
El ángel custodiando los destrozos de la Guerra.
El ángel de las aguas, rescatando sobrevivientes de todos los naufrágios.
!Ah, gracias por estar, ángel del agua, gracias por cuidar de los menospreciados del Señor!
Ignacio Simón
Septiembre 6 de 1994
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Otros Cuentos del Séptimo Día de Enrique Pineda Barnet, vaya a su blog cliqueando aquí: PUENTEAR

[...] Cuentos del Séptimo Día, Ángeles y Balseros. [...]
Demasiado angelical esto para mí. Prefiero los diablitos.
Bueno Paco, si te gustan más los diablillos, puedes leer:
“El Sueño”, en:
http://gilbertogutierrez.wordpress.com/cuentos-y-estampas/el-sueno/
o también “Sueño de Verano de un Comunista Cubano” en:
http://gilbertogutierrez.wordpress.com/cuentos-y-estampas/yo-tuve-un-sueno-igual-que-martin-luther-king/
Un abrazo.