
balserosuicida, entre lija y polvo / foto cortesía de José Caraballo
No recuerdo si se llamaba así, pero definitivamente el viejo de ochenta y tantos años que tengo a mi lado es el mismo tío de uno de mis mejores socios, por no decir de uno de mis pocos hermanos, que aún me quedan y al que ya hace casi 5 años no veo.
La distancia que nos separa es enorme, como de 50 años luz y no es necesariamente una medida astronómica aunque si de tiempo-espacio.
La casa de los Cocos se me antoja como un remanso de paz y de juguetería infantil donde de pronto no se hablaba de las cosas que tenían que ver con la historia y la sociedad, sino más bien con aventuras al pasado, al campo, a la floresta, a los “campismos” y no se si era uno de los pocos lugares donde se podía, todavía, oir cantar al sinsonte o mugir a las vacas.
Fui pocas veces con mi hermano, digo con mis hermanos, en plural, éramos tres, o cuatro, ¿o cinco?, no recuerdo, también estaba mi otro hermano?, el gusano de siempre y al que lamento no haber visto más en aquellos años en que no me quedaba claro que era reptar o volar?. ¿También estaba el Mulato, el sexto? Algunos han partido ya y lamento una y otra vez no haberles dicho , en el último momento, cuanto los quería y cuanto los extraño día a día.
El tiempo pasa rápido y ahora, desde mis 46 años prostáticos, lamento muchas cosas no hechas, no dichas, no realizadas.
La casa de los Cocos, los cocos cosidos…
Y ahora este viejo que me dice que: “… tu hermano, fue el único que sintió mi partida y yo lo extraño mucho…., lo quiero, dile que lo quiero… ”
Billillo, carajo…., Los Cocos, los Cosíos….
Estoy en la Llama, dando lija al marco de una puerta, en el cuarto piso, lleno de polvo, con mis 46 años prostáticos arriba y oigo al visitante decir a mi compañero: “¿A ese yo lo conozco?”… ” No, no puede ser…., se parece a uno de mi pueblo…”
Levanto la vista y abro los ojos que parecen dos bolas carmelitas en una cara blanca de polvo de pintura y le voy a preguntar: “…¿Cuál es tu pueblo?…”
Y adivino una cara conocida, de dónde, de Santiago, de los Cocos?
Si, tú eres el “hermano” de mi primo, yo soy Guillermo, y este es mi viejo….
¿Aquí, después de no se cuántos años que fui por última vez a los Cocos, a la casa de Billillo?, ¿cómo se llama realmente este viejo que me trae tantos buenos recuerdos de mi “hermano”, de mis hermanos, de mi patria, cuando tenía tantas esperanzas e inocente felicidad, cuando creía en Dios?
“-Dile que lo quiero, aunque no nos escribimos, aunque no sabemos unos de los otros, nos queremos irremediablemente y nos veremos,….algún día de sol”.
Gilberto Gutierrez, Miami, septiembre del 2009